Editorial

El fallo de la CIJ

Bolivia celebró y tras la resaca se deben evitar los triunfalismos, que son estériles.

03:13 / 27 de septiembre de 2015

Bolivia ganó la primera pulseta en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y la noticia ha provocado expresiones de alegría. ¡Enhorabuena! Ahora, es de esperar que esta decisión genere reflexiones en Chile, pero también es deseable que el triunfalismo local no obnubile la visión de largo plazo ni la serenidad que se requiere para establecer los necesarios canales de diálogo.+

La acción legal boliviana, planteada hace poco más de dos años ante el tribunal más importante de las Naciones Unidas, busca que Chile dialogue “de buena fe” una salida soberana al Pacífico en favor de Bolivia sobre la base de compromisos unilaterales asumidos por el país demandado. El litigio fue rechazado con un recurso preliminar de competencia que Chile intentó para evadir el litigio internacional.

La CIJ decidió, por 14 de 16 votos, rechazar la acción legal de la nación vecina y casi de inmediato fijó nuevos plazos procesales. Chile ahora debe preparar una contramemoria para responder a los argumentos del equipo boliviano, impetrados en una memoria que llegó a la CIJ el 24 de abril de 2014, y cuyo contenido aún se mantiene en reserva.

A la luz del fallo, el presidente Evo Morales llamó al diálogo a las autoridades chilenas. No obstante esta solicitud, planteada en el ámbito político, fue rechazada por el canciller Heraldo Muñoz. La reacción, comprensible aún, fue muy rápida ante las reflexiones que se requieren para enfrentar esta nueva realidad jurídica. Morales ha dicho que buscará a su colega Michelle Bachelet para restablecer las conversaciones.

Ahora bien, cuando Chile se vio ante la demanda legal boliviana, la calificó de “artificiosa” y le restó credibilidad en un tono, incluso, discriminatorio. ¿Cómo harán los bolivianos para sustentar su pretendida demanda? Esta pregunta se tradujo en una campaña mediática de alcance global, con un video incluido, que difundió La Moneda para asegurar que no hay problemas pendientes con Bolivia y que el planteamiento de La Paz era desconocer el Tratado de 1904 para dinamitar el sistema mundial de las fronteras. En otras palabras, se ninguneaba la reivindicación marítima boliviana y sus argumentos.

La reflexión de Chile tendría que partir de allí. ¿No será hora de que los gobernantes chilenos comiencen a mirar a los bolivianos horizontalmente, de igual a igual? Las respuestas tendrán que resonar en los cuartos de guerra que giran en torno al Palacio de La Moneda, incluido el resultado del fallo de la CIJ: 14 de 16 votos en favor de la competencia de la Corte para dirimir el caso. Los dos votos restantes, habrá que subrayarlo, no fueron a favor de la tesis chilena, sino para llegar al fondo del objeto de la causa planteada por el país.

Bolivia celebró. Sí. Y con justa razón. Ha pasado la resaca y es tiempo de evitar los triunfalismos estériles. El camino es largo y se requiere serenidad para construir una nueva hermandad con Chile.

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