Editorial

La feria de Alasita

Durante unos días la población podrá ingresar a un mundo con aires de ficción, pero muy real

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

03:26 / 24 de enero de 2015

Hoy se inicia la feria de Alasita, una de las tradiciones más representativas de la cultura paceña. Durante unas cuantas semanas en la sede de gobierno la población podrá ingresar a un mundo con aires de ficción, pero muy real. Anhelos como una casa grande, un viaje al exterior, un título profesional o una gallina para compartir el tiempo estarán al alcance de todos.

Y es que en esta fiesta las cosas pequeñas adquieren grandes dimensiones, lo que a su vez permite colocar los “grandes” problemas en la palma de la mano; es decir, en su verdadera dimensión. Con unas cuantas monedas podremos comprar la fuerza que nos falta para seguir viviendo, llenar los huecos que nos ahuecan y sujetar los sueños que nos despiertan cada noche.

De esta manera, cada año la feria de Alasita nos recuerda que la felicidad no depende de las circunstancias ni de las posesiones, sino, en gran medida, de la perspectiva. Que es feliz no quien tiene todo lo que quiere, sino el que quiere todo lo que tiene. Que al final de cuentas todo es vanidad y que no hay mayor felicidad para el hombre que alegrarse en su trabajo y buscar el bienestar en medio de sus fatigas.Vista de esta manera, la feria nos motiva a preguntarnos en qué o en quién estamos depositando nuestra confianza para garantizar la provisión de nuestra familia y poder alcanzar nuestros sueños y la felicidad.

¿En el Ekeko? ¿En la fortuna? ¿En nuestras habilidades? ¿En nuestra educación? ¿En el Dios de la Biblia? Reflexión sobre la vida que a su vez nos lleva a cuestionarnos acerca de la muerte, sobre el lugar hacia donde nos dirigen nuestros anhelos y temores, nuestro trabajo, nuestros esfuerzos que nacen con el sol y que muchas veces continúan más allá de su ocaso. Duda que puede ser no solamente perturbadora, sino también muy útil, sobre todo a la hora de establecer prioridades.

Porque, como bien decía el fundador de Apple (la empresa más grande hoy en día), las expectativas externas, el orgullo, la vergüenza, el temor al fracaso, en suma, casi todo, desaparece ante las puertas de la muerte, quedando únicamente aquello que es realmente importante. De allí que “recordar que uno va a morir sea la mejor manera de evitar la trampa de pensar que uno tiene algo que perder” (Steve Job dixit).

Aprendamos, pues, de la feria de Alasita. Disfrutemos el ahora, mirando el mundo con fruición, con asombro. Que las pequeñas satisfacciones colmen nuestros corazones y que los problemas y carencias se diluyan con humor, con esperanza, recordando que nuestro tiempo en este mundo tiene un límite, y que por tanto no podemos darnos el lujo de perderlo viviendo la vida de otra persona. No dejemos que las preocupaciones y el ruido de las opiniones ajenas silencien nuestra voz interior. Busquemos, con valor y entereza, la voluntad de Dios para nuestra vida. Todo lo demás es secundario.

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