Editorial

El folklore desarrolla

Bafopaz realiza un singular trabajo que va más allá del baile y explora lo dramatúrgico

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

01:04 / 01 de mayo de 2016

Aunque a muchos les dé un soponcio —como decía mi abuela—, el folklore no es estático, tiene la posibilidad de crecer, desarrollar y perfeccionarse. Sí, señores: no es perfecto per se, por ser tradicional o por llevar títulos de la Unesco. El folklore tiene todas las posibilidades de evolucionar. Lo planteo como una posibilidad porque en nuestro país existe aún gente empeñada en aferrarse al pasado y que ataca sin piedad y con vehemencia a cualquier intento de desarrollo y experimentación de nuestras expresiones artísticas.

El Ballet Folklórico de La Paz (Bafopaz) es una institución que realiza un singular trabajo que va más allá del baile y explora lo dramatúrgico, con énfasis en las historias que giran en torno a la cueca.

La compañía nació en 2006 y trabaja en la formación, investigación y difusión de la danza. Ha sido reconocida con el Premio Eduardo Abaroa a la creación artística. Quince giras internacionales avalan su trabajo. Se ha presentado en el escenario de la Unesco en París y en 2012 recibió el premio Fêtes de la vigne que se otorga a la mejor agrupación en el prestigioso Festival de Dijon, Francia.

Replicando su presentación en la Unesco, hace unas semanas la compañía hizo el respectivo tour de medios con la participación de los alumnos de su academia. Algún purista vio la coreografía y el vestuario en la Tv y ¡horror! descubrió que no correspondían exactamente a lo que ve en las calles de Oruro en el Carnaval. Hizo una filmación casera de la pantalla durante la transmisión y con esa “prueba” empezó a despotricar contra los artistas. A este individuo se le sumaron otros que en vez de recurrir a razonamientos apelaron a los insultos y amenazas contra los bailarines.

Estos “defensores del folklore” no entienden la diferencia entre danza de calle y de escenario: dos expresiones distintas, con objetivos y formas diferentes. El vestuario para teatro recurre a otro tipo de diseños para permitir mejores movimientos y utiliza una narrativa diferente porque trabaja en un lenguaje específico.

En las tablas hay una coreografía con inicio y fin para un tiempo determinado, no un conjunto de pasos para alternar durante horas. Bajo el telón la devoción no es determinante; no hay promesas de tres años y menos alcohol. Los movimientos también son diferentes.

¿Cuál es mejor? Evidentemente, ninguna. Ambas danzas tienen sus propias motivaciones, razones de ser y ocasión. Ojalá pronto profundicemos más los conocimientos sobre nuestras expresiones culturales. Ese día saldremos del “menéalo, morena” en las letras de caporales porque entenderemos que el folklore, muy valioso hoy, todavía puede ser mejor.

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