Editorial

La fuga de Cossío

En el país, a los presos pobres se los controla, pero a los ricos se los deja salir sin escolta

La Razón / La Paz

10:34 / 03 de octubre de 2012

La fuga de Pablo Cossío Cortez, hermano del gobernador suspendido de Tarija, Mario Cossío, pone en cuestión, una vez más, el funcionamiento tanto del sistema de justicia como del régimen penitenciario en el país. Cossío estaba cumpliendo condena en la cárcel tarijeña de Morros Blancos y una jueza de ejecución penal autorizó su salida por 15 días. Cossío no regresó.

Lo que más llama la atención en este asunto es que no se haya dispuesto ninguna escolta policial para el hoy prófugo de la justicia. ¿Se trata de una regla o, más bien, es la excepción? Las palabras del director de Régimen Penitenciario, Ramiro Llanos, son elocuentes: “En nuestro país a los presos pobres les piden escoltas, pero a los ricos, a los que tienen dinero, los jueces les dan estas salidas y sin escolta, es una gran contradicción”. Parece que la jueza tiene mucho que explicar.

Si bien el Gobierno, a través del Ministerio de Transparencia y Lucha contra la Corrupción, anunció que presentará una denuncia penal contra la jueza, queda en evidencia la indefensión del Estado ante situaciones de privilegio que benefician, como en el presente caso, a personas con dinero, poder e influencias. Cossío burló fácilmente el sistema penitenciario y, en tanto no sea capturado, dejará de cumplir la condena por los delitos que cometió.

Al respecto, es sintomática la carta que Pablo Cossío dejó a su abogada antes de huir, en la cual se presenta como víctima de una supuesta decisión política de mantenerlo detenido. Alegando absoluta inocencia, afirma que se autoinculpó para recuperar su libertad. Y recurre al conocido discurso de algunos personajes con cuentas pendientes en la justicia: “Volveré cuando la justicia sea justicia de verdad; y cuando Bolivia recupere su democracia y su libertad”.

Lo que no dice Cossío —o evita recordar— es que en julio de este año fue condenado a cuatro años de cárcel, con sentencia ejecutoriada, luego de un juicio por legitimación de ganancias ilícitas, enriquecimiento ilícito con afectación al Estado y apropiación indebida de dinero. Según el proceso seguido en su contra, Cossío recibió 2,8 millones de bolivianos que estaban destinados a la construcción de una piscina olímpica en Tarija.

¿Qué sigue ahora? El Ministerio de Gobierno informó que se activaron los mecanismos policiales para la captura del prófugo Pablo Cossío Cortez, el cual ya estaría fuera del país. Habrá que esperar que no aparezca en Paraguay junto a los suyos y sea acogido como “refugiado”. Y que la oposición no ampare esta fuga bajo el argumento de que es un “perseguido político”. Y que la Conferencia Episcopal, claro, no pida para Cossío ni amnistía ni indulto como   gesto de reconciliación.

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