Editorial

El ‘gran muro’

La propuesta electoral es más bien una realidad que debe ser cambiada

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:42 / 22 de junio de 2015

El magnate Donald Trump quiere ser presidente de Estados Unidos y, según ha dicho, tiene todo el dinero para lograrlo. Al hacer el anuncio, prometió erigir un “gran muro” contra migrantes latinoamericanos, pero especialmente mexicanos. Es un mensaje que refleja una cultura xenófoba que aún persiste, y —quién lo diría— en un país que enarbola la bandera de la libertad.

“México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (...). Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores. Asumo que hay algunos que son buenos”, afirmó el magnate, quien busca el respaldo del partido Republicano para terciar en las elecciones estadounidenses de noviembre de 2016. Trump sin duda ha debido lograr el aplauso de sectores ultraconservadores que seguramente dejaron de leer la realidad desde aquel fin de siglo de El fin de la historia y el último hombre (Francis Fukuyama).

El mensaje del “gran muro”, cuya infraestructura ya existe en la frontera mexicano-estadounidense, es la muestra de una realidad global que ha criminalizado al migrante, a pesar de que la movilidad humana, vista desde la perspectiva liberal (dejar pasar, dejar hacer), es un factor de desarrollo. Habrá que recordar que los defensores de esta corriente filosófica criticaban, y con razón, al ignominioso Muro de Berlín o las políticas contrarias a la migración de los regímenes socialistas.

Así las cosas, la cultura de los muros goza de buena salud a pesar de los avances en materia de derechos ciudadanos. Además de la vigilada muralla que se erige al norte de México, existen otras paredes como las de Melilla y Ceuta, al norte de África. Allí, miles intentan sortear el obstáculo para escapar a territorio español y así dejar la pobreza provocada por esa lógica del “dejar pasar y dejar hacer”. También hay otros cercos internos, como en Palestina, creados para “proteger” a Israel; una infraestructura justificada con el paraguas de la seguridad.

El relator de la ONU sobre los derechos de los migrantes afirmó el 15 de junio que el cierre de fronteras fortalece las redes de traficantes de personas que operan especialmente entre Estados Unidos y México, y en el Mediterráneo. Según estimaciones de la ONU, más de 200.000 inmigrantes y solicitantes de asilo llegaron a Europa por mar en 2014, en comparación con 80.000 en 2013. En lo que va del año, Europa ya ha recibido más de 100.000 de esas personas. Los conflictos armados agravaron esta situación.

Así, el “gran muro” propuesto por Trump no es una promesa electoral que haya que cumplir, es el reflejo de una forma de ver al mundo con una lente cultural que alienta el tráfico de personas y la vulneración de derechos ciudadanos; es la construcción de una falsa idea de superioridad que debería ser erradicada, aunque poco le importará al magnate que fue demandado en México porque no pudo cumplir con un negocio inmobiliario.

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