Editorial

Estado laico

Hoy, todas las religiones y creencias tienen la misma dignidad constitucional

La Razón / La Paz

00:16 / 24 de abril de 2013

Una de las reformas fundamentales adoptadas en el país con la aprobación de la nueva Constitución Política tiene que ver con las relaciones, siempre dinámicas, complejas, entre el Estado y la religión. Tuvieron que pasar 184 años de vida republicana, nada menos, para asumir en el texto constitucional, finalmente, que el Estado boliviano es independiente de la religión.

Si bien la Constitución no señala de manera explícita, en su primer artículo, que el Estado es laico, la definición de este principio queda clara al asumir que “el Estado respeta y garantiza la libertad de religión y de creencias espirituales, de acuerdo con sus cosmovisiones”. Así, a diferencia del pasado, el Estado no se limita a reconocer, adoptar y sostener una religión “oficial”. Hoy, todas las religiones y creencias espirituales, sin exclusiones ni privilegios, tienen la misma dignidad constitucional.

¿Qué significa este cambio en relación al Estado? Para empezar, que se quiebra la relación de preferencia y amparo que se había establecido respecto a la religión católica, apostólica y romana. No hay que olvidar que la Constitución fundacional de 1826 adoptó la fe católica como exclusiva de la República, asumiendo que “el Gobierno la protegerá y hará respetar... con exclusión de todo otro culto público”. Tanto que hasta 2009, si bien había libertad de culto, el Estado sostenía a la religión católica.

Se modifica también el hecho de que ahora el Estado es formalmente neutro respecto a todas las creencias espirituales y religiosas, no apoyando ni oponiéndose a ninguna. Pero sin duda la transformación más relevante, a tono con el horizonte de la plurinacionalidad, tiene que ver con el hecho de que además de las religiones, sus dioses y sus iglesias, el Estado reconoce los saberes, cosmovisiones y sentires espirituales de las naciones y pueblos indígenas originarios. El cambio es sustantivo.

En ese contexto se sitúa la afirmación del presidente Morales en sentido de que ahora “todas las iglesias en Bolivia tienen los mismos derechos y los mismos deberes”. Pero no sólo las iglesias, sino también las creencias espirituales y sus prácticas. Así ocurre, por ejemplo, cuando se convoca a todos los líderes religiosos y espirituales. O cuando se celebran en el Palacio de Gobierno, en actos oficiales, ceremonias de la espiritualidad indígena, especialmente aymara.

Así las cosas, no deja de ser evidente que en las relaciones concretas del Gobierno y del Presidente con las iglesias hay diferencias. Por un lado, una reiterada confrontación con la jerarquía de la Iglesia Católica, a la cual se acusa directamente de colonialista y de servir a los intereses de la oposición. Por otro, vínculos más bien cordiales con las iglesias cristianas evangélicas, como Ekklesía, que acaba de nominar a Evo Morales como “líder de 2012 en Bolivia”.

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