Editorial

Un mal silencioso

Las casas de adobe, con paredes llenas de grietas, son un paraíso para la vinchuca

La Razón / La Paz

01:53 / 11 de marzo de 2013

Con más de un millón de personas infectadas con chagas, Bolivia es la nación más afectada de todo el mundo por esta enfermedad, según advirtió, días atrás, el representante de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) en el país, Henry Rodríguez. Un mal que, a largo plazo, causando afecciones cardiacas y gastrointestinales, puede resultar mortal.

Pese a que esta dolencia afecta a más de 10 millones de personas en América Latina y provoca más de 10 mil muertos al año, se trata de una enfermedad silenciosa y olvidada, según explican los expertos. Uno de ellos es Rafael Vilasanjuan, actual director del Laboratorio de Ideas del Instituto de Salud Global (ISGlobal), organización internacional que quiere combatir el chagas sobre el terreno, en Bolivia, combinando cooperación e investigación.

El chagas es una enfermedad silenciosa porque puede permanecer mucho tiempo en el cuerpo sin manifestarse (entre 20 y 30 años). Pero cuando lo hace, las posibilidades de que un adulto se cure no alcanzan el 50%. Mientras que las probabilidades de que un niño menor de diez años se sane son cercanas al 100%, siempre y cuando reciba oportunamente el tratamiento adecuado, claro está. De allí que en el país, los programas gubernamentales de diagnóstico y tratamiento están enfocados principalmente a los menores de     15 años y a las mujeres menores de 45.

Este último grupo también es prioritario porque las madres infectadas transmiten esta enfermedad a sus hijos durante el embarazo. No obstante, el principal transmisor es la vinchuca, cuyas heces son las portadoras del microorganismo que provoca la enfermedad. Y como este insecto defeca mientras pica, da lugar al contagio, cuando la víctima, al rascarse, introduce el microbio en la herida de la picadura, o se lo lleva a los ojos o a la boca.

En este sentido, el chagas es considerada una enfermedad de gente pobre. Esto porque las casas de adobe, con paredes llenas de recovecos y grietas, son un paraíso para la vinchuca. Además, forma parte de un grupo de 17 enfermedades tropicales desatendidas (ETD), como la lepra, el dengue o la leishmaniasis, a las que no se les presta suficiente atención y que afectan sobre todo a los más vulnerables.

De allí la importancia de implementar campañas de diagnóstico y de tratamiento, y no sólo a los menores de 15 años, sino también a la gente adulta. El problema es que los médicos aún no saben cómo corroborar si un paciente está completamente curado o no. Mientras esto no ocurra, la prevención seguirá siendo la mejor arma contra el chagas. Urge, por tanto, fortalecer las campañas de fumigación en las áreas endémicas, tanto más importantes por cuanto basta un par de años sin fumigar para que los insectos vuelvan a invadir una comunidad.

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