Editorial

Para meditar

Es necesaria una recomposición de valores éticos antes que los valores financieros.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 04 de abril de 2015

Antes de conmemorar la Resurrección de Jesús, el hecho fundamental en el que la cristiandad basa su fe, la vigilia de hoy, Sábado Santo, es un tiempo propicio para meditar sobre los hechos previos y los brutales castigos físicos que vivió Jesús antes de perecer en una cruz como alguien cuyos pensamientos y enseñanzas rompían con el orden dogmático establecido.   

Si hubo alguna acción de Jesús que probablemente molestó al orden instituido como ninguna otra fue la reacción del Hijo de Dios hecho hombre contra los mercaderes en el templo de Jerusalén.

Según el relato bíblico, el pueblo convirtió ese lugar santo, reservado para la enseñanza de los principios de la ley hebrea y la adoración de Dios, en un mercado donde primaba el afán de lucro, ante la contemplativa mirada de los sacerdotes, quienes permitían este aquelarre gracias a las “comisiones” que llenaban sus arcas. Tal fue el disgusto de Jesús ante este espectáculo que, con látigo en mano, expulsó a los comerciantes y luego encaró a los sacerdotes acusándolos de convertir aquel templo de oración en una “cueva de ladrones”. Además, les reprochó su complacencia/sometimiento al poder económico y financiero de entonces, declarando que allí no quedaría “piedra sobre piedra” pues en su lugar iba a erigir, en tres días, un nuevo templo con base en los principios espirituales y el nuevo Reino que él profesaba.

La réplica de esta casta improductiva de rabiosos guardianes de la fe/lucro se materializó en un castigo lleno de saña y odio contra alguien que simplemente reclamaba justicia e igualdad entre los más ricos y los desposeídos. Al parecer, las fuerzas del poder económico también confabularon contra él y lo crucificaron.

Lo relevante de este pasaje, independientemente de la religión que se profese, radica en que, a pesar de transcurridos más de 2.000 años desde la muerte de Cristo, la cultura de búsqueda de ganancias sobre la base de la corrupción y abuso de poder continúa, como una forma de existencia cínicamente justificada, con la aceptación de fuerzas invisibles de oferta y demanda que, en esencia, son conceptos ejercidos en un ámbito de manipulación de mercancías y vidas por parte de los más poderosos en desmedro y sometimiento de los más débiles.

Durante los últimos años el mundo ha sido testigo de la caída secular de grandes templos y emporios financieros, que van desmoronándose uno a uno en todo el orbe, y hasta ahora los esfuerzos son vanos por contener su caída, porque, más allá de los esfuerzos de ingeniería económica, es necesaria una recomposición de valores éticos antes que los valores financieros. Jesús dio su vida para que la humanidad pudiese salvarse y vivir en sociedades más justas; y así, con su ofrenda, contribuyó a constituirse en la cruz del mercado. Felices Pascuas.

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