Editorial

La muerte de Jesús

Esta doctrina fue anunciada por los profetas del Antiguo Testamento siglos antes del nacimiento de Jesús.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 30 de marzo de 2018

Este fin de semana gran parte del mundo occidental celebra tres acontecimientos que fundamentan la religión cristiana, profesada por la mayoría de los bolivianos: la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Se trata de una conmemoración que genera dudas teológicas, como el sentido de estos acontecimientos, pero también culturales, como por ejemplo por qué cada año la fecha de celebración cambia.

Respecto a esta última interrogante, los investigadores explican que en sus albores la Iglesia Católica decidió que el Domingo de Resurrección coincida siempre con la Pascua judía, tal como ocurrió la primera vez. No obstante, este acontecimiento se determina en función al calendario lunar, no solar (al que estamos acostumbrados). Concretamente, se conmemora el domingo siguiente a la primera luna llena que precede al equinoccio de la primavera boreal (es decir, la primavera del hemisferio norte). Y este fenómeno ocurre entre el 22 de marzo y el 25 de abril. De allí que tanto la Pascua como el Domingo de Resurrección tienen lugar entre estas fechas.

Respecto a la pasión, muerte y resurrección de Jesús, la Biblia nos explica que el pecado entró al mundo por causa de un hombre, Adán; y que por tanto la salvación solamente podía llegar a través del sacrificio de otro hombre. Ello porque la paga del pecado es muerte (Rm. 6:23), y únicamente la vida, que está en la sangre, puede vencer a la muerte. De allí que hacía falta un “cordero” libre de toda inmundicia, capaz de limpiar y redimir las transgresiones y rebeldías de la humanidad con su sangre y con su propia vida.

Sabiendo que no había nadie capaz de cumplir con esta expiación, Dios habría decidido, por amor al mundo, hacerse hombre y venir a la tierra, a fin de inmolarse como sacrificio vivo, pagando con su sangre, llagas y humillaciones las consecuencias de las transgresiones pasadas, presentes y futuras, de los hombres, con el propósito último de vencer a la muerte y permitir que todo aquel que en él crea “no perezca y tenga vida eterna” (Juan 3:16). Un panorama más que alentador que para materializarse solo exige un requisito: tener fe en el Salvador y reconocerlo como tal: “porque si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Rm. 10:9).

Cabe aclarar que esta doctrina fue anunciada por los profetas del Antiguo Testamento incluso siglos antes del supuesto nacimiento de Cristo. Por ejemplo, en el libro de Isaías (53:45), escrito entre los años 700 y 681 aC, leemos: “¡Y con todo, eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus llagas hemos sido curados”.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia