Editorial

Un mundo sin miseria

La participación de los pobres en esta cruzada contra la miseria resulta fundamental.

La Razón Digital

00:07 / 18 de octubre de 2016

Ayer, en el marco de la celebración del Día Internacional de la Lucha Contra la Miseria, en varias ciudades del planeta se organizaron encuentros para reflexionar sobre este flagelo que menoscaba el bienestar de las personas, pero también y sobre todo para honrar a los principales protagonistas de esta cruzada, aquellos que cotidianamente luchan contra la pobreza.

En efecto, desde que la comunidad internacional decidiera establecer esta conmemoración en 1992, cada año el 17 de octubre se yergue como un símbolo en honor de todas las mujeres y hombres en situación de pobreza que combaten diariamente para salir de la marginalidad y superar sus limitaciones, en honor de todas las madres y padres que buscan diariamente un oficio digno para cubrir la necesidades básicas de su familia y mantener viva la esperanza de un mejor futuro para sus hijos.

Este año la ONU antes que un lema ha planteado un desafío: “Poner fin a la pobreza en todas sus formas”, entendiendo a la miseria no solamente como la falta de ingresos financieros, sino sobre todo como un fenómeno social que además de impedir que las familias puedan satisfacer la alimentación, vivienda y la salud de sus miembros, se refleja en situaciones cotidianas de discriminación y de violencia que se dan particularmente entre los sectores más vulnerables de la sociedad.

Tomando en cuenta esta perspectiva, el Secretario General de la ONU hizo un llamado a los gobernantes del mundo, pero también a los ciudadanos comunes y silvestres, a unirse en esta lucha, comprometiéndonos “a respetar y defender los derechos humanos de todas las personas y a poner fin a la humillación y exclusión social” que enfrentan cada día las personas que viven en la pobreza; y abogó por impulsar su participación en las iniciativas “mundiales dirigidas a poner fin a la pobreza extrema de una vez por todas”.

Con estas palabras Ban Ki-moon recordó la visión promovida por el gestor de esta fecha, el sacerdote francés Joseph Wresinski, quien vivió en carne propia lo denigrante que puede ser para un hombre recibir limosnas, pero además y sobre todo la afrenta que significa negar a los más pobres su derecho a opinar e intervenir en las políticas para erradicar la miseria, siendo ellos no solamente los más interesados en acabar con ese mal, sino también los principales expertos en esta lucha que se vive día a día en todo el mundo.

Desde esta perspectiva, Wresinski fundó en 1957 el Movimiento ATD Cuarto Mundo, con el propósito de agrupar a todas aquellas personas que rechazan la pobreza y están dispuestas a comprometerse para erradicarla, trabajando lado a lado con los más desfavorecidos, reconociendo sus valores, sus experiencias y opiniones respecto a la manera y las estrategias de enfrentar la miseria.

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