Editorial

El negocio del agua

Tras su embotellamiento y purificación, el precio del agua se multiplica al menos por dos.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 23 de julio de 2017

La venta de agua embotellada es un negocio global que crece aceleradamente, al igual que el problema que causan los envases desechables, y Bolivia no está exenta de esta tendencia. La escasez de agua en algunas ciudades del país es un buen ejemplo de la potencialidad de este negocio que, según datos de la Cámara Nacional de Industrias (CNI), no hace más que crecer.

En efecto, según la CNI, solo en 2013 el negocio de envasado y comercio de agua para beber movió cerca de $us 380 millones. Entonces estaban registradas 90 empresas dedicadas a la producción de bebidas no alcohólicas, aguas minerales y otras. Hoy, según datos del Servicio de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag), hay en todo el país 267 firmas dedicadas a embotellar agua purificada, carbonatada, de manantial, mineral natural y cubitos de hielo.

Todas ellas tienen en común el hecho de que el insumo principal, el agua, es el más barato, pero en el proceso su valor bruto de producción se multiplica al menos por dos. Añádase el valor bruto de venta y se tiene que algo tan elemental para la vida misma puede convertirse en algo que no esté al alcance de todos. El cambio climático, que incrementa las temperaturas, y la crisis hídrica del año pasado son dos explicaciones plausibles al incremento en el consumo de agua para beber.

De las 267 firmas dedicadas al negocio del agua, el 78% comercializa agua de mesa purificada; es la que se encuentra en cualquier comercio en envases que contienen desde 20 litros hasta los de medio litro o menos. La mayor parte de las empresas se concentra en Santa Cruz y Cochabamba; La Paz tiene la mitad de cualquiera de las anteriores, y el resto de los departamentos, mucho menos.

Para comprender el volumen de agua embotellada que se comercia en el país, es buen ejemplo la Planta Industrializadora de Leche (PIL), que calcula en 6 millones de litros el volumen de líquido que procesa cada año; solo en esta industria el negocio registró un incremento de hasta 15% entre 2015 y 2016.

Considérese, además, que el país importa aguas y bebidas embotelladas de EEUU, Italia, Reino Unido, Noruega, Chile, España, Colombia y México, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE); institución que además revela que las diversas formas de agua sin sabor fueron el producto más vendido en el país en 2017: en total 271 toneladas.

Lo que a simple vista parece la garantía de contar con agua potable de manera casi ilimitada (recuérdese la crisis del agua en La Paz a fines de 2016), tiene el lado problemático de que este elemento, por su importancia, es un derecho humano vinculado con el bienestar de las personas y, en esa medida, no debiera servir para el lucro de unos pocos. El debate es largo, pero en vista de lo que promete el futuro, debe darse para asegurar que nadie pierda su acceso al agua potable.

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