Editorial

Noticias falsas

Estamos en tiempos en los que se debe tener mucho cuidado con la información que se comparte.

La Razón (Edición Impresa)

23:59 / 12 de julio de 2019

La proliferación de noticias falsas en las redes sociales ya no sorprende; de hecho, parece un mal difícil de eludir. Sin embargo, lo inquietante es la facilidad con la que algunos políticos, líderes de opinión y hasta periodistas las creen y difunden. Estamos en tiempos en los que se debe tener mucho cuidado con la información que se comparte, sobre todo si se ejerce algún tipo de liderazgo social.

Se está acelerando la aparición masiva de medias verdades y mentiras enteras en Facebook, Whats- App y en otras redes sociales, quizás debido al inicio de la campaña electoral. Los ciudadanos ya no solamente se ven cotidianamente invadidos con memes calumniosos y posts con información extraña en sus celulares, sino que además se está llegando al extremo de utilizar esas vías para promover la desconfianza, el temor y el odio, aprovechando cualquier evento. Un ejemplo de esta tendencia son los rumores que han surgido en torno a la aparición del arenavirus; enfermedad que lamentablemente ha afectado hasta el momento la salud de cuatro personas, entre ellas tres profesionales médicos.

Es difícil entender las razones que llevan a ciertas personas a solazarse con estas tragedias y utilizarlas para sembrar miedo; o peor aún, para conseguir algún fin supuestamente político. Pero lo más grave es que estos bulos están siendo asumidos y replicados de manera creciente y con gran ligereza por algunos políticos y líderes de opinión.

Es comprensible que el ciudadano de a pie sea sorprendido con este tipo de noticias falsas, pues no todos tienen la formación ni el tiempo suficiente para hacerse un juicio ordenado y bien informado sobre todo lo que se comenta. Por ejemplo, no son pocos los que nunca ponen en duda la credibilidad de los mensajes que reciben de grupos de amigos y familiares. No obstante, la naturaleza supuestamente privada de estos grupos las vuelve vulnerables ante personas inescrupulosas que buscan infiltrarse en estas plataformas a fin de utilizarlas para fines deleznables.

Pero tal justificación no vale para las personas que tienen una vida pública, una voz respetada y un liderazgo en la sociedad. Ellos tienen la obligación de informarse adecuadamente y de emitir criterios y opiniones verificadas. Aún más, se espera que sean una fuente de serenidad e incluso de orientación para que las mayorías no se dejen engañar.

Estamos viviendo tiempos muy complejos. Una sociedad sin confianza no es una buena base para progresar y resolver pacíficamente los problemas que se deben enfrentar. Puede ser muy peligroso fomentar el radicalismo y pasiones viles. Todos debemos comprometernos a cultivar un sano escepticismo sobre lo que circula en nuestras redes sociales; y en especial quienes aspiran a dirigirnos. La solución ante este peligroso fenómeno social empieza por casa.

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