Editorial

Una nueva Comibol

La nueva Comibol no puede ni debe circunscribirse al rol del rentismo administrativo

La Razón (Edición Impresa)

03:15 / 08 de junio de 2015

La otrora poderosa Corporación Minera de Bolivia (Comibol), empresa estatal que durante más de 30 años, hasta inicios de la década de los ochenta, fue uno de los principales soportes de la economía nacional, empleando a aproximadamente 30.000 trabajadores, intenta emerger de sus cenizas como el ave Fénix, para llegar a ser nuevamente uno de los pilares del desarrollo.

El anuncio realizado por el Gobierno nacional de tomar la iniciativa para constituir una nueva Comibol con la envergadura suficiente para asumir el liderazgo en el sector minero es una señal alentadora, siempre y cuando la nueva empresa sea capaz de alcanzar el sitial y la relevancia productiva que en el pasado significó para Bolivia.

Los primeros pasos deben ser contundentes y sólidos, además de estratégicos, en el sentido de brindar a la nueva organización las facultades y atribuciones que le fueron despojadas en el pasado neoliberal, lo que la convirtió en una raquítica empresa incapaz de explorar y explotar el mineral que aún yace en las entrañas de la Pachamama.

El nuevo rol que debe asumir la Comibol debe necesariamente ir más allá de sus actuales funciones de mero organismo administrador de contratos de concesiones mineras otorgadas a empresas transnacionales que hoy en día explotan plata, oro, estaño, zinc y otros recursos mineralógicos con todas las facilidades impositivas, eso sin mencionar los beneficios que tienen los cooperativistas mineros, quienes más allá de cumplir con sus exiguas obligaciones con la Comibol, todavía la desangran.

Los vientos de cambio también son necesarios en el sector minero que, con suma urgencia, requiere de la presencia de un ente estatal que rija desde la exploración, extracción, transformación y comercialización el control de toda la cadena productiva, para que los excedentes generados se queden en el país y no repatriados día a día, como ocurre actualmente.

La nueva Comibol debe ser erigida como una empresa estratégica y corporativa, que tenga como perspectiva tomar el control de todo el ciclo productivo de la minería nacional, tal como se hizo con Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), lógicamente evitando una acción tan dramática como la nacionalización; sin embargo esa opción no debería ser descartada, en la medida en que los posibles socios (y no patrones) se alineen a los intereses nacionales en esta materia.

Al existir la voluntad política de renovar la Comibol debe quedar muy en claro de inicio que la nueva empresa no puede ni debe circunscribirse al rol del rentismo administrativo, sino que su futuro y el de la minería nacional en su conjunto dependen de la responsabilidad productiva que asuma como corporación; y para ello es indispensable contar con patriotas dispuestos a asumir el desafío de ingresar a las bocaminas y mirar de frente al “tío” para hacerlo nuestro socio nuevamente.

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