Editorial

Un paro que asusta

El paro médico, retomado ayer con carácter ‘indefinido’, ha adquirido visos preocupantes

La Razón / La Paz

00:43 / 11 de abril de 2012

El paro médico, retomado ayer en su carácter “indefinido”, ha adquirido visos preocupantes. No sólo por el ya conocido hecho de que los galenos se rehúsan a trabajar ocho horas diarias o por lo extendido de la protesta que causa sufrimientos a la población, sino también porque los movilizados han comenzado a usar la violencia para hacer prevalecer su posición.

Debido a que la protesta de los médicos vulnera de manera flagrante el derecho de la población a acceder a la salud, señalada como función esencial del Estado en la Constitución Política (CPE), y a petición de un diputado del gobernante MAS, el Fiscal General del Estado instruyó a los fiscales de distrito iniciar sendas investigaciones para identificar a los culpables de la suspensión de los servicios en los centros médicos públicos, lo cual, previsiblemente, ha crispado aún más los ánimos de los movilizados.

En respuesta a la instrucción del Fiscal General, uno de los portavoces del movimiento de galenos, el presidente del Colegio Médico de La Paz, afirmó que no se suspendieron los servicios médicos, pues continúan funcionando las unidades de emergencias, pero es obvio que éstas no son la totalidad de los servicios médicos, que incluyen todas las demás modalidades de atención clínica, que es donde hay más gente sufriendo por la falta de consultas, tratamientos y cirugías.

Pero lo más preocupante del estado de crispación ocurrió ayer, cuando la protesta de los galenos se convirtió en agresión física contra un dirigente vecinal que pretendía hacer control social en el Hospital General de La Paz. Nada puede justificar la actitud y el comportamiento de quienes propinaron golpes al dirigente.

Otro indicador de la situación desesperada de los médicos que protestan se encuentra en la denuncia hecha ayer en contra del Ministro de Salud, indicando supuestas irregularidades en su carrera profesional, cuando lo que importa no es la trayectoria académica de la autoridad sino la necesidad de la población de acceder a la salud. Lo mismo puede decirse de la oposición a que jóvenes médicos egresados en Cuba se hagan cargo de la atención de los pacientes.

Con cada día que pasa la crisis de agudiza, y es difícil imaginar siquiera que los médicos vayan a recibir la adhesión de la sociedad, que si habitualmente tiene que padecer la falta de calidez y calidad en los servicios médicos públicos, ahora ni siquiera puede acceder a esa mala prestación de servicios.

El Gobierno tiene ante sí el doble reto de, primero, resolver el conflicto con los médicos e imponer el nuevo horario de trabajo y, segundo, cumplir su misión constitucional de garantizar el acceso a la salud de toda la población, a través de los planes de contingencia, que pese a la buena intención todavía no son completamente satisfactorios para quienes requieren atención médica.

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