Editorial

El racismo, hoy

Actitudes y comportamientos heredados por generaciones no se cambian solo a través de normas y leyes

La Razón (Edición Impresa)

00:32 / 24 de mayo de 2018

A ocho años de promulgada la Ley 045, de Lucha Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación, esta candente problemática sigue siendo parte del menú diario en todos los ámbitos de la vida social del país. No es para menos, actitudes y comportamientos históricamente heredados no se cambian de un día para el otro y mucho menos solo a través de normas o leyes.

La nombrada ley fue en su inicio muy resistida por varios sectores, especialmente entre los representantes de los medios de comunicación, quienes vieron entre sus disposiciones severas restricciones a la libertad de expresión. Las cuales sin embargo hasta ahora no se han materializado, tal vez porque en los hechos solo había límites claros a la posibilidad de que mensajes racistas, discriminadores o incitadores al odio pudieran hallar espacio en las instituciones de la comunicación social.

La aplicación de la norma fue en un inicio bastante lenta; baste como ejemplo señalar que la reglamentación de la ley y la creación del Comité Nacional de Lucha Contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación tomaron varios años, y aunque el comité ha recibido cientos de denuncias, todavía es poco clara su efectividad a la hora de imponer sanciones a las personas racistas y discriminadoras, lo cual no significa que no haya habido ninguna.

Mientras tanto, estas formas de desprecio por el “otro” siguen reproduciéndose en la vida cotidiana. En las calles, por ejemplo, sigue siendo visible la división racial del espacio y la creciente presencia de las ahora llamadas “élites emergentes” en zonas antes habitadas por clases medias y altas, autodefinidas como “blancas” o “mestizas”, por oposición a lo “indio” y lo “cholo”.

Este fenómeno social tiene que ver con la ya nombrada falta de cambio real en las actitudes de los individuos. Incluso en muchos casos se han visto procesos de “racismo al revés”; es decir, manifestaciones de desprecio y odio racial de parte de los antes excluidos y discriminados hacia los blancos y mestizos. Se trata de procesos que deben ser caracterizados como racismo puro y duro, fruto de esa perversa pedagogía social vigente desde antes de la República.

Las redes sociales, devenidas en la nueva “esfera pública”, donde ya no son necesarias las mediaciones tradicionales, son también el escenario en el que se exhiben las peores formas de desprecio y odio hacia el diferente. El debate público sobre el modo de limitar estos excesos todavía es incipiente y se ve limitado por el temor a que cualquier disposición lastime el derecho a la libre expresión.

En resumen, es mucho lo que todavía falta hacer para erradicar el racismo y todas las formas de discriminación en el país. Los primeros pasos ya se han dado, pero queda mucho trabajo pendiente en materia de educación. Ojalá que fechas como la de hoy recuerden a toda la población lo importante que es hacer algo al respecto.

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