Editorial

El regreso de la guerra

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 20 de enero de 2013

Según una nota de prensa del Pentágono, durante 2012, los suicidios entre militares estadounidenses sumaron 349. Es decir, más que las 295 bajas mortales sucedidas en Afganistán en el mismo año. Los expertos coinciden en que esta tendencia puede empeorar en 2013. Esto porque, después de diez años de combates en Irak y Afganistán, los efectos de estos conflictos empiezan a trasladarse al lugar de origen de los soldados.

Y es que no existe ninguna guerra en la que no se cometan atrocidades. Tampoco existe una persona que quede inmune luego de asesinar a otra, por mucho que esté convencida de que se trata de su enemigo. Las matanzas, las torturas y las cárceles secretas no se quedan enterradas en la zona de conflicto donde ocurrieron; sino que permanecen en la mente y en el espíritu tanto de los vencedores como de los vencidos.

Los gobiernos lo saben y por eso EEUU y Gran Bretaña, entre otros países miembros de la OTAN, se están preparando para enfrentar, en los próximos años, una avalancha de soldados con trastorno de estrés postraumático (TEPT). Trastorno que no sólo induce al suicidio sino también a asesinar a otras personas, tal y como ocurrió el 11 de marzo de 2012, cuando un marine estadounidense asesinó a 16 civiles en Afganistán, ancianos y niños entre ellos.

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