Editorial

No tradicionales

Los productos ‘no tradicionales’ se yerguen como un ejemplo notable para la economía.

La Razón (Edición Impresa)

00:38 / 29 de octubre de 2016

Según el último reporte del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), la exportación de productos agrícolas como la castaña, el frejol, la soya, junto a la joyería, registraron un desempeño positivo en lo que va de la gestión 2016, con tasas de crecimiento relevantes tanto en valor de venta como en volúmenes de producción. Una noticia sin lugar a dudas alentadora.

Muy a pesar de las condiciones adversas que enfrenta el sector exportador boliviano, principalmente en los rubros de hidrocarburos y minería por el desplome de precios internacionales, es encomiable la existencia de un segmento productivo capaz de trascender las turbulencias que enfrenta actualmente la economía nacional, capaz de posicionarse en mercados internacionales. Estos productos, usualmente denominados “no tradicionales”, están orientados principalmente a los mercados externos y se yerguen como un ejemplo notable a la hora de contribuir con valor agregado, divisas, ingresos tributarios y empleo a la economía nacional.

Empero, la dinámica de estos sectores no debería ser una excepción, y su experiencia debiera replicarse en todas las escalas y actividades posibles. Ahora bien, para que otro tipo de emprendimientos asuman roles protagónicos en la estructura productiva y exportadora nacional, lógicamente se deben proporcionar las condiciones adecuadas, para que de esta manera se logre paulatinamente el anhelado cambio de matriz productiva y diversificación económica.

Por ahora son cuatro los productos “no tradicionales” que más se exportan, y ojalá en el corto plazo esta cifra se multiplique varias veces. Y para que esto suceda no se requiere de un milagro, sino de un proceso de planificación que conjugue el esfuerzo de inversión del sector privado y estatal, además de la creación de un ambiente de negocios que genere la confianza necesaria para que los inversionistas estén dispuestos a destinar sus capitales a sectores productivos no tradicionales de alto valor.

Un ambiente de negocios adecuado debiera contemplar acciones desde la disminución del tiempo que se destina para el registro de una empresa, hasta reglas claras de salida en caso de quiebras. Si bien en este ámbito el Gobierno facilitó el cumplimiento de contratos mediante la adopción de un nuevo Código de Procedimiento Civil, que introduce la conciliación antes de un juicio, los procesos carecen de una reglamentación completa y de operadores con la capacidad para poner en marcha dicha disposición.

Resulta innegable que para promocionar al sector no tradicional se requieren de esfuerzos en términos de capital; también es necesaria una institucionalidad de fomento en términos de apoyo técnico y financiero, para así de una vez dar el salto cualitativo de una economía rentista hacia otra de alto valor agregado.

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