Editorial

País de tránsito

El trabajo conjunto de varios países debería brindar mejores resultados que los logrados por separado.

La Razón (Edición Impresa)

23:30 / 22 de abril de 2019

Hasta hace una década, el nombre de Bolivia estaba asociado al narcotráfico, y más concretamente a la producción y comercio de cocaína. Hoy, el estigma permanece, pero es cada vez más difícil afirmar que el país sea uno de los principales productores del estupefaciente en el mundo. Según Naciones Unidas, Bolivia es hoy territorio de tránsito de la droga producida en otros países.

El recientemente presentado Informe Mundial sobre las Drogas 2018, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), identifica 17 rutas del tráfico de cocaína en el mundo, de las cuales tres pasan por Bolivia. Las vías del narcotráfico no conocen fronteras y para trasladar la ilícita mercancía los traficantes usan aire, agua y tierra, especialmente en las fronteras con Perú, para el ingreso de la sustancia, y Brasil y Paraguay para su salida.

El documento de la UNODC señala que la producción de cocaína está concentrada en Sudamérica, especialmente en zonas de Colombia, Perú y Bolivia —en ese orden—, y desde ahí se distribuye hacia mercados de elevado poder adquisitivo como Estados Unidos, países de Europa, del Golfo Pérsico o Asia. Al respecto, el Viceministro de Defensa Social afirmó que “uno de los factores principales para que Bolivia siga siendo país de tránsito es la alta demanda de los países como Estados Unidos”.

Según la investigación, las tres rutas de la cocaína identificadas en Bolivia parten desde Perú y tienen como destino final Brasil, Argentina, Paraguay e incluso Chile; desde donde salen a otros continentes o a EEUU. Los narcotraficantes utilizan un puente aéreo desde Perú para sacar hacia Bolivia la cocaína desde el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM), específicamente al norte del país (Pando, Beni y norte de La Paz) en “narcoavionetas”, aunque el tráfico también ocurre en el lago Titicaca, compartido por ambos países.

Precisamente por eso es que las autoridades del ramo llevan mucho tiempo desarrollando esfuerzos para “regionalizar” la lucha contra el narcotráfico, cuyos primeros resultados se observan en la conformación de equipos de trabajo transnacionales. Esta nueva manera de afrontar el narcotráfico también se evidencia en la instalación de 13 radares en las fronteras, el primero de los cuales debería comenzar a funcionar “en dos meses”, según anunció el nombrado viceministro.

El informe también estima que la producción mundial de cocaína llegó a 1.410 toneladas de clorhidrato de cocaína; es decir, tuvo un aumento global del 25% con respecto a 2015. Se trata, pues, de una guerra asimétrica en la que cada acción de los Estados es prontamente respondida por las mafias transnacionales, que no solo tienen más recursos, sino sobre todo menos escrúpulos. El trabajo conjunto de varios países debería brindar mejores resultados que los logrados por separado. Ojalá así sea.

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