Editorial

No violencia

Es irracional intentar usar la violencia para conseguir una sociedad pacífica

La Razón / La Paz

02:05 / 04 de octubre de 2013

El miércoles se ha recordado el aniversario del natalicio de Mohandas Karamchand Gandhi, mejor conocido por el nombre de Mahatma (Alma Grande, en sánscrito). La fecha es ocasión para celebrar el Día Internacional de la No Violencia, y para recordarnos a todas y todos que ese es no sólo un camino posible para la transformación, sino también el más deseable.

En efecto, fue Gandhi quien enseñó a través del ejemplo que el camino de la no violencia conduce a resultados tan trascendentales como, por ejemplo, forzar a la mayor potencia colonial del siglo XIX y principios del XX a retirarse de la India y devolver a esa nación su derecho a la autodeterminación. El mensaje que Gandhi dejó es, precisamente, que “la no violencia es la mayor fuerza a la disposición de la humanidad. Es más poderosa que el arma de destrucción más poderosa concebida por el ingenio del hombre”. Gran Bretaña no ahorró violencia para mantener su dominio sobre ese país; el Mahatma hizo exactamente  lo contrario y prevaleció.

La teoría detrás de sus acciones, las cuales incluyeron la incitación a la masiva desobediencia civil a la ley británica, como en la histórica Marcha de la Sal en 1930, consistía en que “los medios justos llevan a fines justos”. En otras palabras, es irracional intentar usar la violencia para conseguir una sociedad pacífica. Para él no se debe usar la violencia o el odio en la lucha por la libertad del colonialismo.

El principio de la no violencia, también conocido como la resistencia no violenta, rechaza el uso de la violencia física para lograr un cambio social o político. El método es descrito a menudo como “las políticas de la gente común” o “la política en las calles”. Esta forma de lucha social ha sido adoptada por poblaciones masivas alrededor del mundo en campañas por la justicia social.

Bolivia tiene una larga tradición en el uso de métodos no violentos de resolución de conflictos, siendo uno de los ejemplos más notables la huelga de hambre iniciada por tres mujeres mineras en 1978 y que pronto fue apoyada en casi todo el país. Hoy, sin embargo, la medida de presión, por el mal uso que le han dado algunos grupos, ha perdido efectividad, pues ya no conmueve ni ayuda a sumar adhesiones.

Pero no es sólo en los métodos de protesta y movilización que se puede observar la eficacia de la no violencia: en la gestión de los conflictos, en la educación de las personas y, en fin, en cada acto cotidiano, evitar el uso de cualquier forma de violencia ayuda a encontrar vías alternativas y a basar los arreglos, acuerdos y compromisos sobre el sólido terreno de la buena fe.

La celebración del Día Internacional de la No Violencia pasó casi desapercibida, sin embargo, eso no significa que el mensaje ya no esté vigente. Una vida sin violencia debe ser un imperativo para todas las personas de buena voluntad.

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