Sociedad

La Alasita se abre a los sueños de prosperidad

Como cada 24 de enero, la feria de Alasita fue inaugurada formalmente al mediodía, con la asistencia del alcalde Luis Revilla y el vicepresidente Álvaro García. Los comerciantes ofrecen de todo, aunque entre lo novedoso se encuentran los cholets en miniatura.

El vicepresidente Álvaro García inauguró la Alasita en La Paz

El vicepresidente Álvaro García inauguró la Alasita en La Paz

La Razón Digital / Carlos Corz / La Paz

14:25 / 24 de enero de 2018

A las 12.00, como es tradición cada 24 de enero, arrancó en la ciudad de La Paz la Feria de la Alasita. Una multitud de personas, no solo en el Campo Ferial sino en varias calles, compraron casas, vehículos, billetes, títulos profesionales, gallos para el matrimonio y todo cuanto deseaban hacer realidad. Incienso y mucha fe se respiraba a esa hora del día.

Era un verdadero hormiguero de personas, todos intentando comprar a las 12.00 como manda la tradición. Miles con sus miniaturas en mano acudían a los yatiris, encargados de ch’allar con alcohol, vino e incienso todo lo adquirido en la feria que hoy es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Desde muy temprano empezaron los preparativos, aunque días atrás ya se respiraba Alasita con la venta de las miniaturas por parte de los mayoristas. Uno puede encontrar de todo en esta feria y no es una exageración. Los artesanos tienen una habilitad innata y cada año se esmeran por ofrecer nuevos productos. Este año, por ejemplo, destacan los llamados cholets.

El vicepresidente Álvaro García y el alcalde de La Paz, Luis Revilla, participaron del acto de inauguración de esta tradición que está extendida por toda Bolivia y que, de la mano de los migrantes bolivianos, también salió al exterior. “Es una trasposición de la idea en materia”, describió García al hablar del significado de este hecho cultural.

Decenas de puestos se extienden a lo largo de la feria, pero por este día y por algunas horas en varias calles y avenidas del centro de la ciudad y de barrios alejados se instalan puestos para que la población pueda comprar a las 12.00, como ya es tradición, y no es que después la compra no se pueda hacer realidad, eso depende de la fe.

El Ekeko es el dios de la abundancia y centro de esta festividad, aunque ahora también está la illa Tuno, una pieza precolombina que fue recuperada en 2014 de un museo en Suiza.

Una especie de cábala es que una vez sean comprados los billetes, que vienen en bolivianos, dólares y euros, por ejemplo, se deben regalar a quien se cruce en el camino. También los creyentes compran y obsequian gallos a hombres y mujeres solteras para que puedan encontrar pareja y casarse. Otros regalan figuras de bebés para que vega un hijo.

La comida no está ausente. El alimento tradicional es el llamado plato paceño, que contiene habas, papa, choclo y tajadas grandes de queso frito. Está acompañado por llajua, un picante molido en batán con locoto, quirquiña y tomate.

En el recorrido también pueden encontrarse diferentes juegos, no solo para niños. Revilla informó que  se elaboró un plan de salvaguarda junto al Gobierno, la Alcaldía y los artesanos para promocionar y proteger la esencia de la feria, “la compra de una ilusión para hacer realidad los sueños”.

Yeso y todo tipo de material se usa para la fabricación de autitos de todo tipo, edificios, casas en construcción, anaqueles, tiendas con sus innumerables productos empaquetados en miniatura, maletas para viajar, certificados de todo tipo, no solo académicos, sino también de salud, matrimonio y de propiedad.

Todos están inmersos, incluso los periódicos preparan ediciones especiales en formato pequeño y con “fino humor”, básicamente haciéndose mofa de los personajes públicos.

Los yatiris están prestos para ch’allar las posesiones. Usan el vino, alcohol e incienso en ese ritual.

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