Sociedad

Ancianos recuerdan su Navidad de buñuelos, villancicos y miel

La Nochebuena de los abuelos en las casas de acogida se caracteriza por mantener las tradiciones de antaño, para atenuar la nostalgia ocasionada por los recuerdos.

Adultos mayores con sus regalos en una celebración prenavideña en el Hogar Quevedo. Foto: Eduardo Schwartzberg

Adultos mayores con sus regalos en una celebración prenavideña en el Hogar Quevedo. Foto: Eduardo Schwartzberg

La Razón (Edición Impresa) / MITSUKO SHIMOSE / La Paz

00:00 / 22 de diciembre de 2013

Las celebraciones de antaño se caracterizaban por los villancicos, las chocolatadas y los buñuelos; hoy la costumbre es recordada con nostalgia por ancianos de algunos hogares públicos en la ciudad de La Paz.

El tarareo de un alegre villancico de Germán Romero, de 90 años, hace que los demás adultos mayores del hogar María Esther Quevedo —que están sentados en bancas de madera que bordean una pequeña parte de la calle Indaburo, bajo un sol abrasador,— miren ansiosos por querer despegarse también por un instante de sus recuerdos.  

Cuando llega el momento de hablar sobre épocas navideñas de antaño, el abuelo, que gustaba mucho de los buñuelos con miel y api, se emociona mucho, y lo demuestra por medio del tarareo de un villancico que solía cantar al Niñito.

Contrariamente a lo que relata Germán, Roberto Velarde resalta la parte triste de esta época, ya que, según cuenta, “la Navidad es para la gente adinerada”. Recuerda que durante su infancia pasó muchas privaciones y que ni siquiera tenía qué comer y que por eso había tenido que empezar a trabajar desde sus diez años. Sin embargo, más allá de estas vicisitudes, en Navidad siempre recibió regalos. Sobre las tradiciones, añade que en esas épocas solo se consumía bizcochos y chocolate.

Jorge Carrillo señala que le daba pena la Navidad que pasaban sus compañeros, “con sus soldaditos de plomo, humildes todos”. Por eso, afirma que les daba sus juguetes. Coincide con Roberto en que en la Nochebuena hay una “desigualdad bárbara”. Para él y su familia, lo tradicional era comer la picana o el puchero.

Más tarde, horas después de los relatos, este recinto se viste de fiesta: entre celebraciones prenavideñas y regalos, las risas y cantos empiezan a brotar.

A pocas cuadras del recinto de ancianos, en el hogar Rosaura Campos se respira un aire cotidiano, menos navideño. Los abuelos comparten sus vivencias mientras se ocupan de los quehaceres diarios, como pelar habas, por ejemplo.

Juan Morales dice que, para la fecha, “solía cantar villancicos en Villa Copacabana”, gracias a un cura que “tomaba sus traguitos, pero amante de los niños”. Recuerda que antes cantar a Jesús era lindo y que esa noche solo comía “pan con plátano”.

Daniel Miranda relata que antes de la cena de Nochebuena, su mamá les mandaba a él y a sus hermanos “a la Misa de Gallo”. Añade que comía mechado de cordero porque su mamá era sorateña, “de ahí la costumbre de comer este tipo de carne esa noche”.

Las miradas, ya sin brillo, pero agradecidas por verse reflejadas en otras épocas, terminan despidiendo a la periodista.

Nacimiento, la palabra clave

La palabra Navidad proviene del latín Nativitas, que significa “nacimiento”. Es una de las celebraciones más importantes del cristianismo, ya que conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén. Se celebra el 25 de diciembre en la Iglesia Católica, en la Iglesia Anglicana, en algunas comunidades protestantes y en la Iglesia Ortodoxa rumana.

En la actualidad, algunas iglesias Bautistas independientes y congregaciones paraprotestantes de carácter radical, así como la secta de los Testigos de Jehová, no celebran la Navidad porque la consideran una festividad pagana que no aparece prescrita en la Biblia.

Por esta razón, no todas las denominaciones cristianas coinciden en la misma fecha. Los orígenes de esta celebración, el 25 de diciembre, se ubican en las costumbres de los pueblos de la antigüedad que lo festejaban durante el solsticio del invierno (desde el 21 de diciembre), alguna fiesta relacionada al dios o los dioses del sol, como Apolo y Helios (en Roma y Grecia), Mitra (en Persia), Huitzilopochtli (en Tenochtitlan), entre otros.

Algunas culturas creían que el dios del sol nació el 21 de diciembre, el día más corto del año, y que las jornadas se hacían más largas a medida que el dios se hacía más viejo. En otras culturas se pensaba que el dios del sol murió ese día, solo para volver a otro ciclo.

Algunas tradiciones para la noche del 24

La cena de Nochebuena consiste en un banquete que abarca desde la víspera del día de Navidad hasta pasada la medianoche del 24 de diciembre. Tradicionalmente se come pavo o picana, dependiendo del lugar en el que se celebre o las tradiciones de la familia.

Los pesebres navideños representan el nacimiento de Jesús, mediante una maqueta de Belén y sus alrededores, en la que las figuras principales son el establo en el que nació Jesús, la Sagrada Familia, los animales y los pastores, también los tres reyes magos y una estrella con una estela que suele colocarse en lo alto del árbol de Navidad.

El árbol de Navidad es un elemento decorativo para el que se suele emplear una conífera (o árboles artificiales) decorada con adornos. Al ser un árbol de hoja perenne, simboliza el amor de Dios. Tiene su origen en Alemania, donde el evangelizador San Bonifacio instauró la tradición.

Los villancicos son canciones o cantos alusivos al nacimiento de Cristo o a la Sagrada Familia. En Bolivia son típicos los chuntunquis.

Las chocolatadas se sirven durante las semanas previas a la Navidad. Se le denomina así pues es infaltable el chocolate caliente y el panetón (pan de dulce con frutas confitadas).

Piden cosas simples como regalo en dos orfanatos

En dos hogares infantiles de La Paz, niños coincidieron en el tipo de juguetes que quisieran para Navidad. Algunos regalos que más anhelan son muñecas y soldaditos. En estas fechas, los niños reciben de voluntarios desde golosinas hasta ropa interior.

En el hogar de niños José Soria, ubicado detrás del Multicine, en la zona de Sopocachi de La Paz, se encuentran 60 niños y niñas entre los seis y 12 años de edad.

Las risas de los niños se oyen desde afuera del recinto. “Es porque están de vacaciones que juegan casi todo el día”, dice Gloria Jarandilla, la administradora del establecimiento. Se distraen con rondas, pesca-pesca o con juguetitos, según cuentan los niños.

Dentro de sus actividades navideñas están previstas “la presencia de payasos, chocolatadas y la entrega de regalos de parte de los voluntarios”, asegura.

Deseos. El Virgen de Fátima, en cambio, acoge a niños desde recién nacidos hasta los seis años y cuenta con al menos 116. Está  ubicado en el barrio de Obrajes de la zona Sur y lleva más de 30 años cuidando a niños huérfanos, sin hogar y abandonados.

Su infraestructura es particular, ya que tiene cinco casas de un piso de distintos colores rodeadas por sube y baja, columpios y resbalines. Los niños permanecen al aire libre en estos ambientes y, gracias al espacio, corretean hasta quedar agotados. Las actividades navideñas que se realizan en este establecimiento son parecidas a las del otro albergue.

Joselyn (12), quien vive en el José Soria, señala que para Navidad le gustaría recibir una “muñeca Barbie”. Del Virgen de Fátima, José (9) quisiera para este año “soldaditos”, ya que —cuenta— el año pasado no le dieron nada.

Indira tiene 6 años, le gustaría que en estas fiestas le regalen una “muñeca” y también tomar chocolate, pero “sin panetón” porque  no le gusta.

Entre muñecas y soldaditos, estos niños muestran la cara simple de la Navidad, en contraste de la otra repleta de costosos regalos de última tecnología.  

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