Sociedad

Animales huyen de las riadas a las lomas, pero son cazados

La crecida de los ríos en Beni afectó a decenas de antas, tatús y urinas que, en su intento por refugiarse en las lomas, son víctimas de cazadores furtivos en esa zona.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe / La Paz

00:00 / 17 de marzo de 2014

Sicurís, taitetús y urinas intentan sobrevivir y refugiarse juntas, en pequeñas lomas que sobresalen a las inundadas pampas trinitarias, mientras huyen de la crecida del agua y los cazadores furtivos. La Gobernación del Beni rescató a 65 de ellas, las alimentó y las liberó en zonas seguras.

La mayor inundación en Beni, desde 2008, dejó unas 22.000 familias afectadas, mató miles de cabezas de ganado, pero los animales salvajes son quizás el eslabón más castigado por la crecida de los ríos. Mientras los más fuertes recorren hasta 30 kilómetros en busca de tierra, otros mueren cansados o ahogados, y solo grupos pequeños se refugian en unas 56 lomas a cuatro, cinco y seis horas de viaje en canoa desde la ciudad de Trinidad, río adentro.  

“Desde el 7 de febrero hemos rescatado a unos 65 animales de 12 especies, luego los llevamos a un parque de socorro, los alimentamos y finalmente los liberamos en zonas más seguras”, resume Alfonso Salas, el responsable de la Dirección de Gestión Ambiental y Biodiversidad de la Gobernación del Beni.

En ese departamento se formaron cuatro brigadas de ayuda. El operativo se llama Proyecto Departamental de Rescate de Animales Silvestres Durante Eventos de Inundación.

‘Arcas’. Las lomas o pequeñas superficies de tierra convertidas en islotes en lo que antes eran las pampas de Trinidad, se convirtieron en una suerte de reducidas “arcas de Noé”, donde diferentes tipos de animales conviven mientras pasa la época de lluvias, en una situación muy parecida al relato bíblico.

Tres campesinos, entre ellos Pedro Pinto y su familia, intentan alimentar a un grupo de animales silvestres en una loma a unas cuatro horas de viaje de la capital beniana. “Aquí hay de todo, desde serpientes o sicurís —como las llamamos— hasta los tatús (armadillos) y las urinas o cervatillos, y por eso me convertí en una guardabosques ad honórem (sin retribución económica)”, sostiene el hombre que se traslada en canoa hasta la loma.

Allí, los indígenas viven en armonía con los animales de su entorno. Pero una nueva amenaza reapareció después del desastre de 2008.

Cazadores. Decenas de cazadores furtivos fueron vistos las últimas semanas en cercanías de las lomas, se trasladan en canoas con motor, llegan armados con escopetas y matan a los animales que se refugian en las lomas.

“Los cazadores les meten bala y luego trafican con sus pieles o los hieren y los venden”, admite el biólogo paceño Fernando Guerra.

Para los traficantes, la cacería se hace más fácil al aprovechar la vulnerabilidad de los animales. “La vez que sube el agua se inicia la caza ilegal”, resume Guerra, que hizo varios estudios en tierras benianas.

En Trinidad, Alfonso Salas se encontró más de una vez con estos grupos de cazadores. “Cuando les preguntamos a ellos ¿qué están haciendo?, responden que solo vinieron a pescar y no es así”, se lamenta el funcionario de la Gobernación del Beni.

Un personal reducido y tres guardabosques voluntarios intentan ayudar a los animales salvajes desde febrero en inmediaciones de Trinidad.

Uno de los animales más preciados por los cazadores ilegales que pretenden ganar ante la desgracia de la naturaleza es el tatú (Priudontes maximus), por cuya piel los brasileños pagarían muy bien, pero tampoco escapan otros como la anta o tapir (Tapirus terrestres), la sicurí o anaconda (Eunectes beniensis), el jochi pintado (Cuniculus paca) y el taitetú (Tayassu tajacu) o chancho del monte.  

Todos ellos se encuentran en la categoría de vulnerable, según el biólogo paceño Fernando Guerra.

Ayuda. La Secretaría de Medio Ambiente de la Gobernación del Beni estableció desde el 10 de febrero tres rutas para salvar a los animales salvajes: Trinidad-San Pablo, que es un corredor natural de la fauna silvestre hacia los lugares altos del monte; San Pablo-Beni y Guarayos, en Santa Cruz; Trinidad-Loreto, una zona de primer impacto de las aguas de inundación Trinidad-San Pedro.

El operativo capacitó además a 600 personas de 22 comunidades.  “Intentamos ayudarlos, pero lo que en este momento está pasando es una especie de faunicidio (mortandad de la fauna silvestre), porque los están matando, nosotros vamos a las lomas, los alimentamos, pero es una tarea muy dura y el personal es reducido”, expone Salas. A unos 369 kilómetros de Trinidad, en San Ramón, una vecina habilitó su jardín para acoger a pequeños animales salvajes. En ese municipio se dispuso también la Veda General o prohibición para cazar y pescar, pero los cazadores no hacen caso.

Ante la eventualidad de que los traficantes puedan matar masivamente a los animales salvajes, la Gobernación solicitó al Comando de la Policía y al Comando Conjunto en Trinidad el control de las armas a civiles. En las próximas dos semanas, cuando se espera que desciendan las aguas, se verá a muchos animales que intentarán volver a sus hábitats y ahí se volverían más vulnerables.

En los últimos días, la Gobernación repartió más de 345 kilogramos de alimentos a base de maíz y sorgo molido a los animales silvestres que todavía se refugian en las lomas naturales.

Otros detalles del tema

  • Pantanal

A 15 km, camino a Santa Cruz, se habilitó el Parque Pantanal para el refugio y ayuda de animales.

  • Marvbán

La semana pasada identificaron 30 lomas sobre el río Ibare, en la provincia Marbán.

  • Víctimas

“Tras cada inundación, los animales salvajes, quedan totalmente desprotegidos”, dice el biólogo paceño Fernando Guerra.

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