Sociedad

En Bolivia se consumen al menos 7 especies en peligro de extinción

En El Alto se vende licuado de ranas para ‘mejorar la salud’. Pofoma señala que no tiene tuición para controlar la comida con animales y pide una lista para regularla

Gastronomía. El karachi frito tiene gran demanda en mercados y puestos callejeros de La Paz y El Alto. Foto: Alejandra Rocabado

Gastronomía. El karachi frito tiene gran demanda en mercados y puestos callejeros de La Paz y El Alto. Foto: Alejandra Rocabado

La Razón (Edición Impresa) / Wilma Pérez / La Paz

00:00 / 22 de febrero de 2015

En la diversidad de la gastronomía boliviana existen al menos siete especies en peligro de extinción, que son utilizadas como el ingrediente principal, pese a que la Ley de Medio Ambiente prohíbe la caza de estos animales.

“El wallake, en su mayoría, se prepara con el karachi; el ispi y el mauri se comen fritos, y el pacú es comida a la parrilla. También se hacen tortillas de peta (tortuga) o flamenco, chicharrón de lagarto y otros que se consumen de forma ilegal en todo el país porque se trata de especies en peligro de extinción”, sostuvo Susana del Carpio, presidenta de Animales SOS.

La activista, que hace un seguimiento a la captura y comercialización ilegal de diferentes animales silvestres, señaló que en la lista del Libro Rojo también está la rana del lago Titicaca, que es vendida en la feria 16 de Julio y esporádicamente en la Ceja, ambas en El Alto, como pócima medicinal.

“Si no ponemos un alto, en 30 años estos animales serán parte de la historia”, advirtió Del Carpio.

El Viceministerio de Medio Ambiente y Biodiversidad presentó en diciembre de 2009 el Libro Rojo de Vertebrados Silvestres de Bolivia, en el que se identifican 193 especies en riesgo de desaparecer, entre peces, reptiles, anfibios, mamíferos y aves. FAUNA. Verónica Vargas, responsable de Vida Silvestre de dicho viceministerio, especificó que en este Libro Rojo de animales en peligro de extinción figuran los peces pacú, karachi, mauri e ispi, dos especies de monos, al igual que el lagarto que no proviene de criaderos, el venado, el tatú, la peta y el flamenco, los últimos dos por el consumo de sus huevos.

“Desde hace varias décadas algunos peces, mamíferos, aves, reptiles, entre otros, son parte de la gastronomía boliviana. Su alta demanda para el consumo en los mercados pone en peligro su sobrevivencia”, manifestó Vargas.

Del Carpio recordó la vigencia de la Ley 1333 (de Medio Ambiente), que en su artículo 111 señala que “el que incite, promueva, capture y/o comercialice el producto de la cacería, tenencia, acopio, transporte de especies animales y vegetales, o de sus derivados, sin autorización, o que estén declaradas en veda o reserva, poniendo en riesgo de extinción a las mismas, sufrirá la pena de privación de libertad de hasta dos años (...)”.

No obstante, resaltó que la Constitución Política del Estado permite el consumo de especies silvestres a los pueblos indígenas originarios para su subsistencia, pero prohíbe la comercialización.

La Razón hizo un recorrido por la zona del Cementerio, donde habitualmente se vende todo tipo de pescados crudos y cocidos. Las vendedoras de las pescaderías comentaron que cada puesto comercializa al día hasta 100 platos de wallake con karachi.

“El pescado es del día, llega al amanecer a El Alto, ahí lo recogemos. Cada plato se vende a 15 bolivianos; yo solo vendo wallake, otras venden pejerrey, ispi, mauri y también karachi frito”, expresó una de las vendedoras que prefirió guardar su nombre en reserva.

Por ejemplo, el wallake es una sopa que se sirve con karachi y va acompañado de papas, chuño y k’oa (hierba del occidente que le da un sabor más intenso al caldo). Esta preparación es bastante demandada en el altiplano paceño.

En Beni, los huevos de peta se comercializan a Bs 5 cada uno y de tortuga acuática entre Bs 30 y 70, según al peso. Ambos productos son el ingrediente principal para algunas comidas, como las tortillas que se sirven en el desayuno o almuerzo beniano. En Pando comen tortuga en caldo.

En tanto, las ranas del lago Titicaca son licuadas y preparadas como pócimas que supuestamente sirven para curar algún achaque, tienen alta demanda en las calles de El Alto y en Desaguadero. Cada vaso se vende entre Bs 5 y 20.

La Policía Forestal de Medio Ambiente (Pofoma) realiza con frecuencia un trabajo de investigación para luego proceder a decomisar ejemplares de la fauna silvestre que son comercializados, pero señaló que no tiene tuición en el control de los platos que se preparan con peces u otro animal.

“El Ministerio de Agricultura debe establecer qué tipos de carne se pueden comercializar para preparar comida, y los que elaboran éstos deben tener un permiso. Mientras no haya esto solo podemos evitar que se vendan los animales silvestres vivos, disecados o como adornos de trajes folklóricos u otros”, dijo el director de Pofoma, coronel Roberto Guardia.

La autoridad policial indicó que por el momento se realiza un seguimiento a los comercializadores del licuado de rana. “En este tema se tiene que manifestar el Ministerio de Salud y decir si realmente es bueno para la salud o decir que es nocivo porque es su competencia, pero no hay nada”.

Vargas coincidió con Guardia y sostuvo que para evitar la extinción de los peces, tanto de los ríos de tierras bajas y del lago Titicaca, el Ministerio de Agricultura debe establecer la veda para que las hembras en periodo de oviposición depositen sus huevos. En la cuenca lacustre existen 80.000 millones de toneladas de peces.

Animales en riesgo de desaparecer

MamíferosSon más de 380 especies, se evaluó a 173, de ellas 59 están en riesgo de extinción y hasta en estado vulnerable.

AvesHay más de 1.415 especies de aves, 42 presentan algún tipo de amenaza por la caza furtiva.

Peces

En Bolivia son más de 700 especies de peces y de éstas, 42 son consideradas en peligro de extinción, sobre todo las que habitan el Titicaca.

En Oruro, 8 fraternidades usaron partes de animales

Quirquinchos, plumas de flamencos y pieles de zorros fueron parte del atuendo

Un total de ocho fraternidades folklóricas, que participaron de la entrada del Carnaval de Oruro de este año, exhibieron partes de animales silvestres e incluso especies disecadas, según los reportes de Pofoma y del Viceministerio de Medio Ambiente y Biodiversidad.

“Se trata de fraternidades reincidentes y son la Morenada Central Cocanis, Morenada Central Oruro, Conjunto Folklórico Tobas Zona Sud, Tobas Zona Central, Gran Tradicional Auténtica Diablada de Oruro, Artística y Cultural La Diablada, Grupo de Danza Estilizada Suri Sicuri y Conjunto Universitario Suri”, detalló la responsable de Vida Silvestre del Viceministerio de Medio Ambiente, Verónica Vargas.

La funcionaria especificó que las dos fraternidades de morenada portaban matracas elaboradas con caparazones de quirquincho (chaetophractus nationi), actualmente en peligro de extinción por quedar solo 1.300 ejemplares vivos.

Ambos grupos de tobas tenían alas de flamenco, plumas de suri y cóndor, además de búhos y águilas disecadas, pieles de zorro andino, venado, jaguar y tigrecillo.

Decomiso. Los de la diablada llevaban plumas de cóndores e incluso al animal disecado; los suri sicuris exhibieron plumas de suri, un solo penacho tenía alrededor de 250 plumas, según Biodiversidad.

El director de la Policía Forestal de Medio Ambiente (Pofoma), coronel Roberto Guardia, indicó que efectivos de esa repartición, en coordinación con la Dirección General de Biodiversidad, realizaron el operativo en tres puntos del recorrido del Carnaval y decomisaron especies de fauna silvestre, pese a que en algunos casos los danzarines se negaron a entregar los animales disecados.

“Llamó la atención que las mujeres portaban bebés quirquinchos y los varones animales adultos. Cuando se quiso decomisar, éstos se alteraron argumentando que tienen permiso. Todos los productos ahora están en propiedad de la Policía y se usarán como prueba para las acciones legales ante el Ministerio Público”, agregó.

Vargas señaló que desde 2007 se realizan actividades, como difusión de la norma y sensibilización a las fraternidades, para lograr un cambio de actitud en los bailarines, en bordadores y artesanos que confeccionan los trajes. Añadió que los casos pasarán a la Justicia.

La Ley 1333, en su artículo 111, prohíbe la caza o tenencia de especies silvestres y la sanciona con hasta dos años de cárcel.

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