Sociedad

Cardiólogo une técnicas militares y ancestrales para salvar a niños

Salud. El médico ayudó mediante su fundación a 300 pacientes con cardiopatía

Reunión. Freudenthal junto con los beneficiarios y miembros de la Fundación Cardioinfantil, en Carreras de La Paz. Foto: Marco Fernández

Reunión. Freudenthal junto con los beneficiarios y miembros de la Fundación Cardioinfantil, en Carreras de La Paz. Foto: Marco Fernández

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández / La Paz

03:30 / 06 de octubre de 2014

El médico cardiólogo boliviano Franz Freudenthal desarrolló un dispositivo que une un metal, creado originalmente por militares estadounidenses, con técnicas ancestrales de tejido que aún se preservan en Bolivia con el objetivo de curar cardiopatías congénitas.

El aparato desarrollado por Freudenthal consiste en emplear alambre de nitinol, que es la aleación de titanio y níquel (técnica militar), para tejerlo manualmente (técnica ancestral) y usar la urdimbre (conjunto de hilos longitudinales) con el fin de cerrar el conducto arterioso persistente o la comunicación anormal entre las aurículas cardíacas (cavidades saculares del interior del corazón).

“Los marines estadounidenses descubrieron un metal inteligente para diferentes propósitos, que una vez sometido a cierto procedimiento químico y de calor es capaz de mantener su forma”, explica Alexandra Heath, esposa de Freudenthal y una de las creadoras e impulsoras de la Fundación Cardioinfantil.

Para tapar, por ejemplo, un defecto de siete milímetros se empuja este tejido a través de venas de dos milímetros hasta el lugar afectado, para que éste recupere su forma y cierre el hueco que origina el mal.

“En el área rural, principalmente, la gente ha mantenido las habilidades textiles; en cambio, las personas en el exterior ya no tienen esta tradición”, sostiene Freudenthal.

El médico es muy modesto, prefiere no hablar mucho de él ni del artefacto que desarrolló para salvar vidas, especialmente de los niños, pero invita a La Razón a la comunidad de Carreras (Río Abajo de La Paz) para un encuentro de la fundación. En el lugar, él solicita que se dialogue con los trabajadores de PFM Bolivia, la empresa que desarrolló este implante y del cual es su fundador; con los padres de los menores o con los mayores que se curaron de estos males del corazón, a través de la Fundación Cardioinfantil.

Manualidad. “Los dibujos de los aguayos requieren mucha habilidad milimétrica y también se necesita esa misma habilidad para tejer estos dispositivos de la aleación de un metal inteligente, proveniente de una tecnología inventada por los estadounidenses, con la capacidad que tiene la gente acá en el país”, explica Heath.

Las cardiopatías congénitas afectan en el mundo al 1,5% de los recién nacidos anualmente; la incidencia aumenta en lugares ubicados a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, por ejemplo, el altiplano boliviano, donde la afección alcanza al 2%.

“Se me ocurrió (desarrollar este dispositivo) cuando vi morir a pacientes, no es una cuestión voluntaria, estoy dispuesto a hacer lo que sea para que (los niños afectados) salgan adelante”, agrega Freudenthal, quien es el primer médico boliviano ganador del Premio Innovadores de América 2014, que reconoce los proyectos más destacados en el área social, empresarial y científica. Fundación Maya y BISA lo promovieron.

“El reto es que se utilicen estos dispositivos en el país. Este mes se fabricaron más de 300, pero todos para el exterior. Me gustaría que por lo menos 30 se queden acá, pero es difícil porque no hay mucha cooperación ni de los colegas, ni de las instituciones”, lamenta el galeno.

Freudenthal y Heath, ambos especializados en cardiología pediátrica, fundaron Kardiozentrum, un centro de diagnóstico y tratamiento de cardiopatías congénitas. Luego crearon la empresa PFM Bolivia, con la que Freudenthal pudo diseñar el dispositivo que ayudó a más de 400 niños.

“De los 2.500 afectados por cardiopatía congénita, 2.000 se pueden curar fácilmente con terapias simples. La colocación de un ductus dura unos cinco minutos”, sostiene el médico.

Acciones para niños necesitados

ApoyoFreudenthal solicita más apoyo estatal y de las instituciones para solucionar estos males del corazón, principalmente en niños de escasos recursos.

“Estamos perdiendo a las personas que más queremos por razones estúpidas, hacemos bloqueos para una garrafa de gas, proponemos plantas nucleares para Bolivia, y no dedicamos nuestro esfuerzo a las personas que son nuestro futuro”.DeficienciaSegún el médico, hay cuatro falencias para la atención a estos pacientes: la falta de médicos especializados, una universidad boliviana que brinde esta rama, equipamiento e insumos.

Más de 300 personas fueron curadas

Desde 2006, más de 300 personas, la mayoría menores de edad, recibieron tratamiento y fueron sometidas a operaciones para curarse de males del corazón gracias a la Fundación Cardioinfantil, que consigue recursos económicos para los pacientes, cooperación para dotar equipamiento especializado al Hospital del Niño, y posibilitar la especialización del personal médico.

Susana Castellanos, presidenta de esta organización sin fines de lucro, cuenta que la iniciativa comenzó en 2007, cuando se ayudó a familias bolivianas de escasos recursos económicos a solucionar las cardiopatías congénitas de uno de sus miembros, a través de tratamientos u operaciones.

“En un principio, solo fueron pacientes de La Paz, pero después vinieron de Oruro, Beni y de todo el país, gracias también a que se llevaron a cabo campañas para la detección de estas enfermedades”, detalla.Recursos. Camila Larrazábal, coordinadora de proyectos de la fundación, informa que Cardioinfantil, mediante la cooperación alemana, financia cirugías y cualquier tratamiento cardiaco que necesiten los niños, además del equipamiento del Hospital del Niño y la capacitación de galenos y enfermeras en Argentina, en el marco de un proyecto que durará hasta 2016.

Roxana cuenta que estuvo enferma desde los tres meses de nacida, debido a que tenía una válvula obstruida. “He tenido dos cirugías, la primera en 2007, en Cochabamba, con un cambio de válvula, y la última en 2013, cuando me pusieron una válvula mecánica, porque la primera estaba calcificada y no funcionaba bien el corazón”, cuenta esta joven de 24 años, que estudia enfermería para ayudar a las personas que padecieron el mismo mal que ella.

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