Sociedad

Creyentes miman a sus Niños al despedir la fiesta de Navidad

Reyes. En las iglesias celebraron hasta 8 misas y la asistencia de familias fue masiva.

La familia Ríos Soria muestra a su Niño que tiene casi un siglo, legado de sus tatarabuelos. Foto: Nicolás Quinteros

La familia Ríos Soria muestra a su Niño que tiene casi un siglo, legado de sus tatarabuelos. Foto: Nicolás Quinteros

La Razón / Wilma Pérez / La Paz

23:58 / 06 de enero de 2013

Cientos de feligreses llevaron ayer a sus Niños a las iglesias para que “escuchen” la última misa de Navidad. Urnas de cristal, canastas de paja, charolas de plata y cajas de zapato, todas adornadas con encajes, almohadillas y cintas, fueron los objetos en los que trasladaron las efigies.

La familia Céspedes Ríos “hizo escuchar” la misa de las 10.00 a su Niño cuzqueño, que vestía un atuendo elaborado por un profesional en la confección de ropa para personas. “Es costumbre cambiar de prendas al Niño, cada 6 de enero, y este año nos tocó a los nietos hacer confeccionar el vestido y las sandalias con un sastre de renombre. Hoy está estrenando”, dijo Maritza.

Desde que se abrieron las puertas de la iglesia San Francisco, a las 07.00 de ayer, la afluencia de los feligreses no cesó hasta las 21.00, cuando se celebró la octava misa. El atrio del templo no sólo albergó a los vendedores de calendarios con la imagen de la Inmaculada Concepción, sino también a los artesanos, que aprovecharon para vender estatuillas del Niño Jesús y atuendos. Los sacerdotes aymaras o amautas también instalaron sus puestos a un costado de la iglesia.

Pasadas las 11.00, la familia Veizaga Miranda salió del templo cargando una canasta de plástico en cuyo interior habían 11 Niños. “Todos son regalos de amigos o familiares. El último nos llegó desde Italia”, expresó Janeth, al mostrar a un Niño diminuto hecho de plástico. Las otras imágenes eran de diferente tamaño y color del cabello.

El párroco de la basílica menor de San Francisco, Hugo Carrasco, señaló que hasta el mediodía la afluencia de la gente fue igual que 2012. El sacerdote pidió a las familias no dejar en el piso a los Niños, para que no se pierdan como sucedió en años anteriores.

En todas las celebraciones, el templo estuvo lleno, por lo que se tuvo que abrir las tres puertas para que la gente ingrese y salga. Al finalizar cada misa, dos seminaristas se apostaron en cada puerta para bendecir a las imágenes de los Niños y a las familias.

Entre la muchedumbre, Andrea Soria junto a su bebé de meses y su Niño  trataba de llegar a la puerta sin ser aplastada. Ya en el atrio, ubicó a su esposo y ambos mostraron a su Niño, un legado de sus tatarabuelos. “Debe tener un siglo. Le pertenecía a la abuela de mi abuela y, siguiendo la tradición de la familia, mi esposo y mis hijos lo trajimos para que escuche la última misa de Navidad”, relató.

Fiestas. La familia Cáceres Chuquimia, más de ocho miembros, cargó una urna de cristal en cuyo interior se encontraba un Niño de casi 30 centímetros y que vestía ropa elaborada con hilos dorados, encajes y sandalias de plata. Andrés, el primogénito, dijo que antes de la misa, el sábado, le ofrecieron una fiesta a la imagen. “Es una tradición familiar realizar un preste al Niño para que siempre nos proteja. Fueron mis abuelos los que iniciaron esta modalidad.

Antes era sólo de la familia, ahora invitamos a amigos”, expresó.

Otras familias ofrecieron chocolate a sus más allegados; después de la misa, guardaron los adornos de Navidad. Fue el caso de los Estrada Choque, quienes luego de la celebración religiosa del mediodía y después de ofrecer al Niño el incienso, invitaron a sus amigos a su casa. “Un chocolate con buñuelos despide al Niño hasta el otro año y esto lo hacemos con toda la familia y amigos”, manifestó Marcela.

Pese a que la jornada fue lluviosa en La Paz, en otras iglesias de la sede de gobierno y El Alto la afluencia de los feligreses fue masiva, pero las misas sólo fueron hasta mediodía. Fuera de los templos se instalaron puestos de comida y la gente se acomodó y aprovechó para alimentarse.

Los amautas bendijeron las imágenes por Bs 10

En sólo tres horas de trabajo, el amauta Andrés Huarita ganó Bs 240 por bendecir, a la usanza andina (con alcohol, incienso y vino indio), a las imágenes de los Niños que los feligreses llevaron ayer hasta la iglesia San Francisco.

“Por cada sahumerio cobro Bs 10, he pasado incienso a 24 Niñitos desde las 09.00”, dijo Huarita al mediodía, cuando terminó la quinta misa de la mañana y todavía quedaba una celebración.

La familia Montoya, con tres Niños en una canasta, pidió al yatiri una rebaja a Bs 20. “Si después se pelean entre ellos, no me vayan a responsabilizar”, les aclaró el amauta y luego procedió a pasar a cada Niño por encima del humo de incienso, les echó vino indio y, ayudado por una pequeña campana, pidió que el Niño otorgue tranquilidad y salud a la familia.

Al igual que Huarita, otros siete puestos de amautas se instalaron en las afueras del templo.

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