Sociedad

Cristo Rey, un hogar que acoge a 176 hijos de reos

Albergue tiene mamás y papás sustitutos para los niños

Alimentación. Todos los pequeños se reúnen a la hora de comer.

Alimentación. Todos los pequeños se reúnen a la hora de comer. Foto: Angélica Melgarejo

La Razón (Edición Impresa) / Angélica Melgarejo / Cochabamba

00:00 / 14 de febrero de 2015

“Llegué con miedo”, dice José. Tenía algo más de dos años cuando ingresó a la Aldea de Niños y Adolescentes Cristo Rey, de Cochabamba, donde le tocó vivir con hermanos y papás sustitutos. Él es uno de los 176 hijos de reclusos que acoge el hogar.

José, que ahora tiene 11 años, es uno de los niños con más años en Cristo Rey. Él vivía con su mamá en La Paz, quien cumple una condena de 30 años en un recinto penitenciario. Su vida cambió semanas después de cumplir los dos años, aunque él, en toda su inocencia, desconoce las causas.

El niño cursa el 1º de secundaria y convive con 15 menores, entre ellos Juan, quien también tiene 11 años. “Es mi mejor amigo, cuando todos se van de vacaciones él y yo siempre nos quedamos, pero jugamos. Los dos vivimos en la misma casa y compartimos el cuarto”. Ambos niños no tienen familiares en Cochabamba.

José vivió con varias mamás sustitutas, a quienes él llama “tías” y dice que aprendió muchas cosas de ellas. “Algunas se fueron, otras se quedaron, ahora estoy con la tía Karina. Ellas me han enseñado a comportarme bien, antes era travieso, aunque creo que sigo siendo un poco”, relata entre risas.

Ambos niños viven en una de las siete casas del hogar Cristo Rey, en la zona Taquiña, donde se acoge a 180 niños y adolescentes de entre 3 y 17 años, 176 de ellos son hijos de personas privadas de libertad en alguna cárcel del país.

Los pequeños llegan al albergue por decisión de sus padres o de un juez. Además de recibir cuidados, los menores tienen la posibilidad de estudiar. El hogar está dividido en 14 grupos, cada uno con hasta 16 niños, distribuidos por edad y sexo en siete casas.

Aldeas. Hay dos grupos que son mixtos, niños y niñas menores de seis años, detalló Petra Sadura, la directora de la Aldea. Cada grupo tiene una mamá y un papá sustituto porque la intención es imitar en todo lo posible a un hogar.

El lugar es financiado por la Cooperación Alemana, y la Congregación de las Hermanas Santa María Postel, conocidas en Bolivia como las Hermanas de Escuelas Cristianas, se encarga de conseguir más apoyo para la obra social.

Los papás sustitutos son seleccionados no solo por el currículo, pues también son sometidos a evaluaciones psicológicas y laborales para evitar malos tratos hacia los niños y adolescentes. “Deben ser aptos, además deben trabajar cama adentro”, indicó Sadura.

Vania Hinojosa (31) es la mamá más antigua, trabaja cinco años en el albergue y está a cargo de 16 niños, entre seis y nueve años.

“Siempre he querido trabajar con niños, la ausencia de mis papás me impulsó a eso. Soy licenciada en Ciencias de la Educación, cuando terminé la carrera salió una convocatoria del Arzobispado y me destinaron a este lugar”.

El cuidado de adolescentes es complicado, a diferencia de los niños, “se requiere bastante amor, paciencia y comprensión”, sostuvo.

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