Sociedad

Discapacitados llegan a La Paz y ya se paga la renta de Bs 1.000

Movilización. La caravana quiere ingresar a la plaza Murillo; no hay autorización

Histórico. Recorrieron 1.624 kilómetros hasta La Paz a lo largo de 100 días.

Histórico. Recorrieron 1.624 kilómetros hasta La Paz a lo largo de 100 días. Foto: Eduardo Schwartzberg

La Razón / Óscar Ordóñez / La Paz

02:21 / 23 de febrero de 2012

La marcha de personas con discapacidad llegará hoy a la sede de gobierno, un día después de que el Ejecutivo inició el pago de la renta de Bs 1.000 rechazada por los dirigentes, que exigen un bono de al menos Bs 3.000.

El 15 de noviembre de 2011 partió desde Trinidad, Beni, una caravana de personas en sillas de ruedas, para exigir al Gobierno un bono de Bs 3.000 y una ley de trato preferente. Se cumplieron 100 días de marcha.

El 5 de febrero, los marchistas llegaron a Cochabamba. Tras la firma de un  acuerdo, el Gobierno se comprometió a atender sus demandas a través de un decreto supremo y una ley.A la fecha, se promulgó el Decreto Supremo 1133 que establece una renta solidaria de Bs 1.000 sólo para personas con discapacidad grave y muy grave.

Según el diputado de Convergencia Nacional Jaime Estívariz, el universo de las personas con discapacidad física en Bolivia sobrepasa los 40 mil miembros, por lo que rechazan esa suma.Estívariz, proyectista de la norma de trato preferente, cuyo documento final se debate en la Cámara Baja de la Asamblea, dijo que “el Gobierno debe garantizar, desde 2013, que esta renta sea perpetua”.

La presidenta de la Cámara Baja, Rebeca Delgado, confirmó que a partir de hoy el plenario tratará en detalle este proyecto.

Luego de inaugurar el pago de Bs 1.000 para este sector, el vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, anunció que las personas con capacidad grave y muy grave deben registrarse en el Ministerio de Salud.

Carlos Mariaca, dirigente de la caravana, dijo a La Razón que alcanzó a cobrar la renta, pero que la repartió “a los niños más necesitados de la ciudad”. Lo mismo hizo el diputado Estívariz, lo que podría generarle un proceso. En tanto, otros como Wilfredo M. cobraron el beneficio. “A mí los 1.000 bolivianos me sirven, por eso los cobro”, afirmó. 

Mariaca aseveró que la marcha ingresará a la plaza Murillo para ratificar sus demandas. La pretensión fue descartada ayer por el vicepresidente García Linera, quien dijo que se debe evitar “las dificultades que generan este tipo de movilizaciones”.

Zulema Suca Su hijo Jorge padece leucodistrofia metacromática La Caravana de Integración de Sillas de Ruedas que llegó a la sede de gobierno trajo “héroes de carne y hueso”, según Camilo Bianchi, uno de los cuatro dirigentes de esta marcha. Señala, en particular, al niño de seis años Jorge Mauricio Gonzales Suca. Su madre, Zulema Suca Argote, de 34 años, explica que su pequeño padece leucodistrofia metacromática. “Es una enfermedad congénita que no tiene cura”.

Lo sorprendente es que los dos primeros hijos de Suca, Nelson, de 10 años, y Mayerly, de nueve, murieron de ese mal.

Un médico neurólogo mandó a Brasil muestras de sangre de los niños. Allá diagnosticaron que los tres tenían la misma enfermedad. “Mi Jorgito no habla, camina con dificultad, no puede sostener algo en las manos, todo se le escapa, no mueve las piernas, dentro de poco va a perder la vista y el oído hasta quedarse postrado en cama”, relata la madre, quien ya vivió la misma historia con sus otros hijos, en Santa Cruz.

Suca mantiene al pequeño Jorge sedado con gotas de espirón “para que no pueda ser agresivo”.

“Cada 15 días saco de donde sea 145 pesos para su medicina”, dice.

Suca no sabe precisar si lo que vive “es una suerte, una bendición o una desgracia”.

“Pero, por encima de todas las cosas, le doy gracias a la enfermedad de mis hijos, porque aprendí a pensar en los demás compañeros discapacitados. Por eso estoy aquí, marcho por ellos”, afirma.

Saúl y Elisa Una pareja que descubrió el amor en los tiempos de marcha En el trayecto de la marcha que partió desde Trinidad, en noviembre de 2011, el beniano Saúl Noza conoció a la cruceña Elisa Salvatierra. “No sabemos por qué, pero estamos seguros de que queremos estar juntos por siempre. Yo soy soltero, ella también, Dios quiso que lleguemos a entendernos y creo que vamos por buen camino”, explica el  joven de 26 años, quien muestra sin reparos la herida de bala en la clavícula derecha que le destrozó los nervios del brazo y los inutilizó para siempre.

Para Saúl, “la sencillez, la humildad y la nobleza de Elisa” terminaron por conquistarlo. Está en la marcha por las demandas del sector, pero tiene sus ingresos. “Soy transcriptor en mi casa y los fines de semana trabajo en una amplificación”, cuenta Saúl.

Elisa, de 36 años, es ama de casa. Desde pequeña se cayó y torció el pie. Cuenta que nunca pudieron operarla por falta de dinero y ahora cría a su sobrina de dos años y es “una madre para ella”, lo cual enorgullece a Saúl.

“Hemos decidido casarnos el 29 de junio, para la fiesta de mi pueblo”, informa Saúl. “Cuando se ama a alguien, uno se enamora también de la familia de su pareja. Y eso me pasa a mí; me siento muy orgulloso y muy feliz, porque al fin podré encargarme de alguien”, asegura. Recuerda a su primer hijo, de quien no sabe “si come, si estudia o, al final, qué siente”.

Por eso cree que este regalo de amor que le dio la marcha le llenó la necesidad de sentirse, una vez más, “papá de una hermosa pequeñita”.

Samuel  Cabrera De gastrónomo a vendedor de calle Hace 30 años que la vida de Samuel Cabrera cambió para siempre. “Antes era gastrónomo y ahora vendo chicles, pastillas, dulces, carteras, para vivir junto a mi esposa Julia Carrillo”, cuenta.

Un accidente automovilístico le cambió la mentalidad. Un año estuvo postrado en cama. En todo ese tiempo, él recuerda que le venían a la cabeza muchas cosas negativas. “Llegué al extremo de querer quitarme la vida porque yo decía que soy un bueno para nada, soy un pordiosero, que mi familia se iba a avergonzar de mí”, asegura compungido.

Sin embargo, a Dios gracias, no lo hizo porque otro nuevo cambio se operó en su vida.

Esta vez, la ayuda de un psicólogo le hizo comprender que él no era la única persona con discapacidad física en toda Santa Cruz “y en todo el país”.

Además, el psicólogo le hizo dar cuenta de que él podría ser tan útil para los suyos el día en que menos se lo imaginara.

Y así fue. “Ahora estoy casado hace varios años con mi nueva pareja y he encontrado en ella un apoyo incondicional”, explica Cabrera, de 53 años.

Este hombre, natural de Santa Cruz, dice que la discapacidad física que vive le dio a entender que la carrera de la vida no concluyó la madrugada en que salió disparado por la ventana frontal del auto en el que viajaba, cuando otro chocó contra el suyo.

“No, tengo mucho por hacer, y por eso estamos en esta marcha. Tengo que luchar por mi esposa Julia y por nuestro hijito Deymar, que también es discapacitado”, afirma.

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