Sociedad

Enfermos renales requieren apoyo familiar y económico

Viedma. Hay 100 personas bajo tratamiento y otras 130 en espera

Terapéutica. Dos pacientes en la Unidad de Hemodiálisis del hospital Viedma, de Cochabamba.

Terapéutica. Dos pacientes en la Unidad de Hemodiálisis del hospital Viedma, de Cochabamba. Angélica Melgarejo.

La Razón / Angélica Melgarejo / Cochabamba

00:36 / 28 de septiembre de 2013

“Ser enfermo renal es igual que tener cáncer. Ellos requieren quimioterapia; nosotros, hemodiálisis. Es necesario tener dinero, pero sobre todo apoyo familiar”, aseguró  Shirley Ruiz (34) a la insuficiencia renal que la aqueja hace tres años.

Debido a su enfermedad, la joven fue despedida de su trabajo y su madre costea los gastos médicos y el tratamiento. Como ella, a diario en el hospital Viedma, en Cochabamba, existe un promedio de 100 enfermos renales que recurren a la hemodiálisis para vivir.

El tratamiento es esencial, pero también el apoyo familiar, asegura Lourdes Lavayén, responsable del segundo turno de la Unidad de Hemodiálisis. “Requieren mucho de su familia, del apoyo de la sociedad y también apoyo psicológico, porque la enfermedad trae consigo varios problemas. Son pacientes críticos, no tienen recursos y para la diálisis, necesitan 750 bolivianos por semana”, detalló.

La trágica muerte de una paciente del  Viedma, ocurrida el jueves, puso en evidencia los niveles de depresión y necesidad económica que pueden llegar a tener los enfermos renales. “Lamentablemente es una enfermedad que la familia ya no puede sostener”, dijo el director del nosocomio, Gastón Osorio.

En Hemodiálisis, existen tres turnos para la atención, 39 pacientes acceden a las 13 máquinas en cada turno, son más mujeres que varones, todos mayores de 30 años. Además, existe una lista de espera de 130 personas que serán tratadas si alguien fallece u otra persona accedió a un trasplante de riñón.

Según Shirley, este año, 15 personas dejaron de “dializarse” y fallecieron en sus hogares. Félix Villanueva (45) pudo acceder a una máquina gracias a su esposa “hice huelga en la puerta”, contó Beatriz Montaño. No tenían más dinero para el tratamiento que inició en una clínica privada.  “Fueron dos años, nos botaron de la casa, vivimos en un patio, en carpa. No teníamos plata para nada”, aseguró.

Beatriz siempre acompaña a su esposo. “Si toda la familia está ahí, salen adelante, pero no faltan las crisis. (A mi esposo) lo despidieron,  nos terminamos la plata y se deprimió, hasta intentó suicidarse. Le hablé, le dije que vamos a salir adelante. Ahora trabaja conmigo, limpiando casas”.

“Cuando estás sano puedes hacer todo, si estás enfermo no puedes hacer nada, gracias a Dios tengo el apoyo de mi esposa y mis hijos, no puedes morir porque ellos te apoyan”, manifestó René López, que a sus 48 años tiene diabetes a cuestas que llegó a afectar su visión.

Desde hace un año que no se paga por el uso de la máquina, pero cada paciente requiere para cada sesión:  “una solución ácida y básica, eparina, eritroproyetina y hierro que son subvencionados por el Estado, solución fisiológica, jeringas, stoper en caso del catéter. Todo cuesta entre Bs 200 y 250”, informó Lavayén. En otros hospitales, el costo es de 100 dólares. Cada tres meses, los enfermos requieren de alimentación especial y dos exámenes de laboratorio, cada uno cuesta Bs 180.

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