Sociedad

Falleció Tamiji Hanamura, el ermitaño japonés de El Chairo

Enfermedad. El anciano fue enterrado junto a su vivienda, según su último deseo

Yungas. Así posó en junio Tamiji Hanamura en el patio de su casa, en Sandillani, en el municipio de Coroico, donde ayer fue sepultado.

Yungas. Así posó en junio Tamiji Hanamura en el patio de su casa, en Sandillani, en el municipio de Coroico, donde ayer fue sepultado. Pedro Laguna.

La Razón / Jorge Quispe / La Paz

02:17 / 23 de septiembre de 2013

“Quiero que me entierren al lado del pino de mi casa”, ese fue el último deseo del japonés Tamiji Hanamura, el anciano guardia ad honorem del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Cotapata, que falleció la tarde del jueves en una clínica de la ciudad de La Paz.  

Tamiji, de 81 años, se encontraba muy delicado de salud y en junio tenía el rostro hinchado y ya no podía cortar la leña con la que cocinaba sus alimentos, según contó el guardaparque Eduardo Mamani. Presintiendo quizás su muerte, el asiático envió hace dos semanas una carta a la Embajada de Japón con Julio Pérez, dirigente de la Subcentral de El Chairo. La misiva, que posteriormente llegó a la legación diplomática, alertaba sobre su delicado estado de salud.

Debido a ello, bomberos y personal de la Brigada Especial de Rescate, Salvamento y Auxilio (BERSA), e incluso un funcionario de la embajada japonesa —según Mamani—, llegaron el jueves hasta su casa en la comunidad de Sandillani, desde donde lo transportaron en una camilla durante cinco horas hasta El Chairo y de allí en una ambulancia a la urbe paceña. 

Ya en la sede de gobierno, falleció en la Clínica del Sur. La información del guardaparque Mamani fue corroborada por el biólogo Fernando Guerra, que también trabaja por esa zona yungueña, perteneciente al municipio de Coroico.

Tamiji fue enterrado ayer a las 09.30 en el patio de su casa en Sandillani. Dirigentes de la Subcentral de El Chairo, personeros de la Embajada del Japón, bomberos y tres guardaparques le dieron el último adiós, según Rolando Zapana, jefe de protección del Parque de Cotapata.

Deseo. El jueves, en la clínica de La Paz, donde fue atendido, se le diagnosticó al octogenario guardián un severo cuadro de desnutrición. El fin de semana, los restos del japonés fueron cremados y luego fueron llevados hasta su comunidad.

Ante los periodistas, Tamiji siempre expresó su intención de no volver a su país. “No quiero ir a Japón, es muy frío”, sostuvo alguna vez cuando se le preguntó si estaría dispuesto a retornar a su madre patria, para después indicar que su deseo era ser enterrado en el patio de su casa junto a un pino.

Aún convaleciente, el hombre de ojos rasgados se negó el jueves último a ser trasladado a La Paz para ser atendido médicamente.  “Yo lo vi el jueves, no podía pararse ya”, añadió Eduardo Mamani.  Tamiji llegó a la zona yungueña (La Paz) en 1958, después de un largo viaje desde su natal Tazawa, al norte del archipiélago japonés.

El guardaparque recordó cómo en diciembre Tamiji dijo enfático:  “No se preocupen de mí”, cuando él y otros guardaparques lo visitaron en su pequeña propiedad de la comunidad de Sandillani, en los Yungas, a unos 2.200 metros de altitud.  “Hace 20 años que no bajaba a El Chairo y sólo vivía de los alimentos que los turistas le regalaban”, contó Mamani al recordar que en 2004 se le otorgó a Tamiji el título de guardaparque ad honorem.

El Parque Nacional de Cotapata, donde el japonés era uno de sus guardianes, abarca desde La Cumbre hasta el municipio de Santiago de Pacallo con 68.620 hectáreas y alberga a 17 comunidades. Allí, en esa zona, era característico escuchar preguntar al longevo asiático: “Quién falta (registrarse)”, cuando alcanzaba su cuaderno a los visitantes.

Libros. El ermitaño japonés registraba en unos cuadernos a todo expedicionario y turista que transitaba por El Choro —por ese trabajo se supo, por ejemplo, que unos 4.000 turistas por año transitan por la zona— y guardaba además como un tesoro las decenas de postales que le dejaron los visitantes como regalo.

“Deben ser unos 20 libros grandes los que registró Tamiji, ahora tenemos que ver cuántos pasaron por ahí y luego ver quién hará su trabajo, que era muy importante en esa área protegida”, aseveró Zapana.

Tamiji Hanamura nació en Japón, pero se hizo yungueño, paceño y boliviano. En el recuerdo quedará cómo describía, cual poema, a Tazawa (su pueblo natal), Kobe, Okinawa, Hong Kong, Singapur, Madagascar, África, Sao Paulo y la colonia japonesa en Yapacaní en Santa Cruz, los lugares que visitó antes de afincarse en Sandillani. “Dos mil cien metros, siempre quince grados. No malaria. Desde Japón, siempre campesino y siempre en montaña. Acá ya quedarme, mi destino”, dijo a La Razón hace 11 años. Otros datos del anciano guardián

Familia

El guardaparque Mamani dijo que en las últimas semanas Tamiji dijo que tenía familiares que vivían en La Paz. No se pudo confirmar aquella versión.

Idiomas

Si hace unos diez años hablaba inglés, ahora sólo podía entender el alemán. Debido a su avanzada edad, no podía escuchar bien, por lo que para hacerse oír había que gritar: “Tamiji!, ¡Tamiji!”.

Tamiji llegó siguiendo a su primo Yoshihide

Hace 11 años, el ermitaño japonés Tamiji Hanamura contó a la revista Escape de La Razón cómo su primo Yoshihide llegó en principio a Sao Paulo, Brasil, y que por eso él también decidió viajar a Sudamérica desde el lejano país del sol naciente. “Desde chico yo quería ir a Brasil, pero Brasil no acostumbro”, dijo en agosto de 2002. Después de su paso por Brasil, Tamiji llegó  a Okinawa, Santa Cruz, y finalmente a los Yungas paceños. 

En junio, el ermitaño japonés fue entrevistado nuevamente por este medio. Japonés y yungueño, así se tituló la nota que salió el domingo 16. “Todo el mundo viene”, dijo esa vez antes de insistir en que no quería retornar a su país. “Esto no conozco”, añadió Tamiji al mostrar unas recientes fotos de los rascacielos del moderno Japón.

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