Sociedad

Familias ‘sienten’ la llegada de sus almas y ofrecen sabores terrenales

Tradición. Los deudos recibieron a sus fallecidos con los platillos valorados en vida.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe / La Paz

04:11 / 02 de noviembre de 2015

Faltaba poco para las 12.00, cuando, tras prender las velas para la mesa de Cristina, fallecida en marzo, una brisa las apagó tres veces.

“¡Llegó!”, dijo su hermana Carmen. Así en medio de señales y fe, La Paz recibió a sus almas por Todos Santos.

La tradición dice que a las 12.00 de cada 1 dREEe noviembre, las almas, uru o espíritus vuelven a sus hogares terrenales para quedarse con sus familiares por 24 horas. Las visitas son esperadas con una mesa en la que se ponen los platos de comida que en vida apreciaron los homenajeados. “Le hemos preparado la sajta de pollo que le encantaba a mi hermana”, resumió Carmen Huayta, frente a la mesa instalada en la vivienda de la familia a unas dos cuadras del Cementerio General de La Paz.

Carmen estaba convencida ayer de que el espíritu de Cristina llegó. “Es increíble, pero cuando estábamos encendiendo las velas de repente se apagaron tres veces. Llegó justo cuando estábamos orando”, añadió. Otros dicen que los espíritus llegan en forma de mariposas, moscas o polillas. A unos metros, el esposo de Cristina, Juan Mitre, y sus cuatro hijos también rezaban ayer. La mesa estaba adornada con t’antawawas o bebés de pan, escaleras de pan en las que se cree que las almas bajan desde el alaxpacha o cielo andino, pero además pusieron las cañas entrelazadas que se dice son el bastón con el que se apoyan los espíritus y las cebollas con flores o tuqurus que les calman la sed.

Si eso sucedía en la zona del Cementerio, en Alto Tejar, la familia Callizaya también alistó una mesa grande para recibir al alma de Norberto Callizaya Flores. “Hicimos dos arrobas de pan, porque mi papá partió hace un año y le hemos preparado una fritanga de cerdo que tanto le gustaba”, contó Irma, su hija.

En El Alto, la familia Quispe preparó una mesa para recibir al espíritu de Mery Luisa Quispe Condori, fallecida hace 15 años.

“Le hemos preparado un saice y jugo de sandía que le gustaba a mi hija”, apuntó su padre Roberto desde su vivienda en Alto Lima.

Mientras eso sucedía en las casas, algunos comenzaron a visitar las tumbas de sus seres queridos en el Cementerio General, donde se armó un dispositivo de seguridad en las puertas para impedir el ingreso de bebidas alcohólicas. El administrador de la necrópolis, Juan Carlos Parra, informó que la jornada de ayer fue tranquila. Para hoy se espera mayor ajetreo, tomando en cuenta que es feriado.

Parra adelantó que las cuatro tumbas más visitadas, todos los años, son la del exradialista y creador de la Tribuna libre del pueblo Carlos Palenque, que murió en 1997; la de los niños Álvaro Tavera, que tenía cinco años cuando fue torturado y asesinado en 1986; y Patricia Flores, la pequeña que a sus diez años también fue asesinada. Otra tumba que se prevé que recibirá muchas visitas es la del expresidente y héroe de la Guerra del Chaco Germán Busch y la del sacerdote Luis Espinal.

Mientras centenares de personas se dirigirán al camposanto de La Paz, otros despedirán, también al mediodía de hoy, a los espíritus que volverán al cielo andino. En 2016, los esperarán otra vez.   

Recuerdan a Rubén y Andrea

Jorge Quispe

Rubén Vargas, el fallecido editor del suplemento dominical Tendencias de La Razón, junto al músico Jechu Durán, la cineasta Cecilia Quiroga y la joven Andrea Aramayo recibieron homenajes.

En la puerta del Cementerio General, un altar con t’antawawas, caña, piñas y todo tipo de masas recordaron al literato y periodista Rubén Vargas (1959-2015). Al lado estaba la mesa para recordar al compositor chuquisaqueño Jesús Jechu Durán (1952-2014) y a la cineasta Quiroga (1960-2014).

“Son personalidades importantes que le dieron mucho a La Paz y este es nuestro homenaje también a ellos que se nos adelantaron”, sostuvo ayer Juan Carlos Parra, administrador del camposanto paceño delante de la mesa.

En la puerta del Tribunal Departamental de Justicia una mesa se armó por Andrea Aramayo, que murió el 19 de agosto tras cumplir 27 años de vida. En el lugar, su madre, Helen Álvarez, reclamó justicia por su hija y también por mujeres víctimas de feminicidio. Más abajo, en la plaza San Francisco, familiares de desaparecidos durante la dictadura, encabezados por la activista Nila Heredia, recordaron a sus almas y su legado en favor de la construcción del actual sistema democrático y del estado de derecho.

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