Sociedad

Papás arriesgados: todo lo hacen para llevar el sustento a sus hijos

Homenaje. En Bolivia existen 1.700.418 padres de familia y hoy celebran su día

La Razón (Edición Impresa) / Aleja Cuevas / La Paz

02:43 / 19 de marzo de 2015

Como cada 19 de marzo, hoy se celebra el Día del Padre y La Razón conversó con tres papás que enfrentan día a día el peligro en sus oficios y dejan atrás el miedo por la necesidad y motivación de llevar el sustento a sus hijos.“Salvando vidas, así es como me gano la vida, todo por mi familia”, expresó el bombero Gumercindo López, quien hace 16 años se dedica a este oficio, al que considera riesgoso.Junto a López hay otras 140 personas en Bomberos Antofagasta; el 80% son papás con dos o tres hijos, señaló el capitán Jorge Ramírez, un experto en explosivos que casi pierde la vida en la detonación de un artefacto, en un edificio de la avenida 6 de Agosto, en 2009.“Lo único que pensé fue en mi hijo menor, tenía miedo de no verlo crecer, eso me aferró a la vida”, recordó Ramírez.La construcción también implica peligro. La responsable de seguridad de la obra Condominio Bloques del Poeta, Melisa Bowen, dijo que los trabajadores del rubro son “admirables” por el riesgo que implica.altura. “En cualquier momento puede caer algo, una viga por ejemplo. El peligro es más cuando hay que ir a los lugares más altos”, indicó Rodolfo Vera, un obrero que aseguró atreverse a todo con tal de llevar el alimento a sus hijos.  Ser un guardia de seguridad en entidades bancarias es sinónimo de arriesgar la vida para Paulino Pacasi, quien manifestó su satisfacción pese a todo porque el trabajo le ayuda a “sacar adelante” a sus hijos. El coronel José Guardia, de Radio Patrullas 110, expresó que además del personal de seguridad, los choferes nocturnos también enfrentan riesgos.

El Día del Padre se celebra hoy en el país. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), basado en la Encuesta de Hogares 2013, en Bolivia hay 1.700.418 padres de familia; del total, el 92,6% está ocupado en alguna actividad laboral y el 0,7%, desocupado. Del primer grupo, el 45,2% trabaja por cuenta propia, el 29,5% como empleado y el 12,8% es obrero.

Eulogio Aduviri, un papá que trabaja en el rubro de la construcción

Después de un trabajo que implica más de diez horas en la construcción de un edificio, la gran satisfacción de Eulogio Aduviri es llegar a su casa y abrazar a sus dos hijos y cuatro nietos. “Este trabajo es sacrificado y muy riesgoso, pero todo lo hago por mi familia”, expresó Aduviri, un obrero de 66 años de edad, que se dedica a la construcción desde que tenía 14 años.

De manos ásperas y mirada orgullosa, Aduviri recordó que en su medio siglo de vida trabajó en al menos 15 edificios que hay en la sede de gobierno. Entre ellos están el Coliseo Cerrado Julio Borelli Viterito, el Colegio Militar, la Academia Nacional de Policías (Anapol), detalló satisfecho por su trabajo.

Empezó como ayudante de albañil y actualmente dirige a 40 personas para una de las mayores obras en el centro paceño, un edificio de más de 30 pisos, denominado Condominio del Poeta. “Este trabajo es riesgoso, hay que cuidarse. “Hay peligro al momento de colocar vigas y escaleras; y mientras más pisos hay, el peligro es mayor”, dijo Aduviri.

Relató que en los 52 años de trabajo como obrero en construcción vio fallecer a más de diez de sus colegas de trabajo. “Es un factor suerte, hay que tener carácter y amor a la construcción”. Todos los días, sus hijos y su  esposa le llaman para saber de él. “‘A qué hora vas a llegar’ es siempre la pregunta de mi señora”, contó el obrero, refiriéndose al temor que tienen a accidentes. Él no sabe si su familia lo agasajará, pero sospecha que sí lo harán por el cariño que le tienen.

Antonio Ramos,  un rescatista al que se le hace doloroso ver niños heridos

El rescatista de Bomberos Antofagasta Antonio Ramos estuvo cerca de morir al quedar atascado en un arbusto cuando se elevaba de la cuerda junto a un herido. ¿Qué será de mis hijos, de mi familia?, fue su primer pensamiento aquella vez. “Es riesgoso y doloroso este trabajo de rescatista”, apuntó Ramos, quien hace 17 años se dedica a ser bombero. Consideró que los rescatistas deben poner en riesgo muchas veces su vida para salvar la del prójimo. “Nuestra vida pende de una línea, de una cuerda tirada a 700 metros, pero hay que hacerlo”.

Lo más doloroso, como padre de dos niñas y un varón, es ver en el rescate a infantes heridos, que afortunadamente sobreviven a las tragedias. “Y una pregunta que siempre me hago es por qué los niños deben estar en estos accidentes”, señaló.

Cada vez que la esposa escucha por los medios de comunicación sobre algún accidente, lo llama inmediatamente para recomendarle que tenga cuidado. El temor de Ramos y de su familia es no poder regresar uno de estos días a su hogar.

Entre sus anécdotas está la imagen de un niño que sobrevivió al embarrancamiento de un camión, en los Yungas de La Paz, en el que iba junto a sus padres, quienes murieron. “¿Mis padres vivieron?”, fue la pregunta que dejó consternado al bombero. “No sabía qué decirle, pero preferí mentirle porque temía a que se ponga peor con lo delicado de su situación”. A pesar de esos hechos, a él le gusta rescatar a la gente. Paulino Pacasi, guardia de seguridad que asume el riesgo para sostener a su familia

Parte del trabajo de los vigilantes nocturnos es lidiar con las personas ebrias, por ende es un oficio que implica riesgos físicos y absorbe el mayor tiempo, aseguró Paulino Pacasi, un guardia de seguridad privada en la zona de Sopocachi. Pacasi trabaja hace cuatro años en este oficio, pero mucho antes era un albañil. Optó por ser vigilante ante la falta de oportunidades en la construcción. “No se ganaba mucho siendo albañil, no me alcanzaba lo que conseguía para alimentar a toda mi familia”, recordó el guardia.

Es papá de dos niños, uno de seis y otro de dos años. Explicó que se queda en la caseta (ubicada en la calle Aspiazu, entre las avenidas 6 de Agosto y 20 de Octubre), durante casi las 24 horas, por lo mismo es que no ve a su familia como él quisiera.

Pacasi tiene entre 30 y 40 compañeros en la empresa CAPS, grupo de acción y prevención en seguridad, todos ellos distribuidos en distintos puntos para resguardar cajeros automáticos, edificios, empresas, oficinas, casas e incluso terrenos.

“Por las noches, más si es viernes, se aparecen los borrachos y hacen escándalos, y otros malentretenidos rayan los cajeros e insultan”, comentó Pacasi,  a tiempo de resaltar que es difícil y peligroso este tipo de trabajo, precisamente porque lo complicado se presenta en las noches. El incómodo espacio destinado a su descanso le dificulta conciliar el sueño. “En época de invierno no es un buen cobijo porque no cubre del frío”, relató. Aunque el control en cajeros automáticos es de 24 horas, la vigilancia mayor se da entre las 20.00 y las 04.00 de la madrugada. La remuneración por este tipo de trabajo nocturno no pasa de los 1.500 bolivianos.

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