Sociedad

Una nueva vida es posible tras un infarto cerebral

Rehabilitación. La perseverancia y el acompañamiento son claves para superar este mal de aparición súbita

Luchador. Gonzalo tiene hoy una vida distinta, nuevo oficio, nuevos amigos; no conoce límites.

Luchador. Gonzalo tiene hoy una vida distinta, nuevo oficio, nuevos amigos; no conoce límites. Pedro Laguna.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Cusicanqui / La Paz

01:44 / 29 de octubre de 2015

Sucedió mientras dormía. Lo que debió ser un reparador sueño nocturno terminó en un mes de coma profundo. Había perdido movilidad y le era imposible hablar. Cuando a Gonzalo le dieron el alta tenía dos caminos: dejar que la enfermedad acabe con su vida o iniciar una nueva; eligió lo segundo.

Su organismo nunca le envió una alerta del inminente peligro que corría; quizá debió saberlo por sus estudios en medicina —es odontólogo—, pero el accidente cerebrovascular (ACV) fue súbito. Gonzalo conocía de sus problemas con la presión arterial elevada, mas no imaginó que un descuido en la medicación resultaría fatal.

Lleva seis años con las secuelas del daño cerebral. Lento y con ayuda de los dedos de la mano izquierda (el lado derecho de su cuerpo se resiste a obedecer las órdenes del cerebro) hace cuentas y comenta que hoy tiene 45 años. Le cuesta hablar, pero su esfuerzo y tenacidad son inspiradores.

Aunque con cierto grado de dificultad y pese a que todavía no puede salir solo a la calle, también volvió a caminar y ya no necesita de una silla de ruedas; tres sesiones semanales de terapia durante dos años en el Instituto Boliviano de Rehabilitación (IBR) le devolvieron estas facultades.

“Hago todo, me aseo yo mismo, o sea la ducha”, dice pausadamente, así habla y es así como hay que hablarle. ¿Cómo lo conseguiste? es la pregunta obligada. “Energía positiva”, responde sonriente y añade: “Por Dios y la virgen María tengo pleitesía”. Sin duda la fe tuvo que hacer mucho.

Pero hay algo que pudo ser peor que el propio derrame o infarto cerebral, como se llama comúnmente a este mal: el abandono de la familia, el aislamiento de la sociedad. Gonzalo Iván Mezza Veizaga es afortunado de tener un padre y un hermano que nunca lo dejaron y creyeron en su nuevo proyecto de vida.

RENACER. Obviamente tuvo que dejar su céntrico consultorio dental, pero ahora trabaja en una lavandería y se siente sumamente útil. También tiene nuevos amigos. Este incidente lo acercó a otro círculo, uno conformado por personas con su mismo problema y su mismo ímpetu. Se reúnen dos veces por semana en la Fundación Boliviana de Afasia (Fundafasia), creada por Irving Retamozo, un joven economista al que esta enfermedad le sobrevino en 2003 cuando tenía 31 años.

En este espacio sin fines de lucro reciben apoyo motriz, psicológico emocional y médico, pero sobre todo allí han conformado una familia plural y extendida porque los padres, esposos e hijos de los miembros también son parte activa. Esta semana es especial para ellos porque cada 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular. En Bolivia no hay datos oficiales acerca de cuánta gente sufre este padecimiento.

El martes Fundafasia invitó a representantes de la Alcaldía de La Paz para compartir sus logros y avances, pero no asistieron. Lo bueno es que sí estuvo un convidado especial: David Santalla, quien acaba de reponerse de este mal. Con paciencia vio la filmación de una obra teatral protagonizada por los miembros de la fundación sobre las consecuencias de un ACV en el paciente y su familia, y oyó sus historias de vida, entre ellas la de Gonzalo, la de Irving y Tatiana.

Luego, con el humor que le caracteriza, contó chistes y hasta episodios íntimos de su vida. También habló de su recuperación y sus temores frente al mal, y les dijo que siempre sintió las buenas vibras de miles que oraron por él aun sin conocerlo. Pero sobre todo les invitó a tomar la vida con alegría y esperanza. Gonzalo lo hace cada día hace seis años. Con frases cortas, pero contundentes lo expresa: “El futuro, incierto, pero no me asusta”. “Vivir día a día”. “Ser valientes ante la adversidad”.

Acerca de Fundafasia y su misión

Personería

La Fundación Boliviana de Afasia Irving Retamozo es una institución sin fines de lucro con Personería Jurídica N° 105.

Finalidad

Acoge a personas con daño cerebral adquirido o ACV con secuelas de discapacidad múltiple (hemiparesia y afasia).

Trabajo

Brinda un ambiente de resociabilización y ayuda en la rehabilitación con talleres y terapias grupales en: fisioterapia, estimulación cognitiva y del lenguaje y otros.

El daño es cognitivo, psicológico y físico

El daño cerebral adquirido es la afectación de las estructuras encefálicas en personas que, habiendo nacido sin ningún problema en este órgano, sufren una lesión en algún momento de su vida con el consiguiente perjuicio para el funcionamiento cognitivo, emocional, conductual y físico, explica el neurocirujano Martín Aliaga.

“Los daños en el cerebro causarán lesiones en áreas que intervienen en el control del movimiento, el comportamiento, el procesamiento de la información sensorial, la cognición, las emociones, la memoria y el aprendizaje”, añade el especialista.

El conjunto de estos trastornos afecta al desempeño de las actividades cotidianas tanto del enfermo como de su entorno, razón por la que Aliaga destaca los emprendimientos y proyectos de los pacientes y sus familiares. Una de las características de las personas con accidente cerebrovascular es la pérdida del habla (afasia) y del movimiento del lado derecho del cuerpo.

PARA MAYOR INFORMACIÓN CONTACTARSE AL TELÉFONO 72579007

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