Sociedad

Inundaciones por las lluvias

La Razón (Edición Impresa)

06:05 / 26 de febrero de 2015

‘Estoy vieja y será difícil acostumbrarme a otra casa’

Judith Suárez - Vecina de Villa DoloresWilma Pérez - Cobija

“He vivido en mi casa por un poco más de 48 años, ahí crecieron mis hijos y mis nietos. Somos pobres, pero con el esfuerzo de toda la familia hemos construido este hogar y también conseguimos comprar algunos electrodomésticos y otras cosas”, contó Judith Suárez, de 61 años, quien vivía en el barrio Villa Montes, de Cobija (Pando), uno de los más inundados del municipio.

Esta mujer y su familia se albergan en un coliseo, y recuerdan con nostalgia su vivienda inundada por las aguas del Acre y la desesperación que sintieron el sábado.

“En cuanto hemos visto que el río crecía subimos el televisor y la lavadora a lugares altos de la casa. Mis hijos me obligaron a salir de los cuartos cargando a mis nietos. Desde el sábado no he vuelto a mi casa y tengo una pena grande porque ese lugar me cobijó por casi medio siglo. Son tantos los recuerdos que tengo, ya nada será lo mismo para mí. Estoy vieja y será difícil acostumbrarme a otra casa, pero tendré que hacerlo por mis nietos”, dijo Suárez. ‘Apenas logramos sacar la ropa y los documentos’Ariana Pinaye - Habitante del barrio Junín

“El sábado por la mañana nos quedamos en la calle, lo perdimos todo. Crecí y tuve a mi hijo en la casa de mis padres, no conozco otro lugar más que ése, pero nos quedamos sin nada”, lamentó Ariana Pinaye, de 23 años.

La joven era vecina del barrio Junín, que permaneció hasta anoche inundado por el río Acre.

“Apenas logramos sacar la ropa y los documentos, pero los enseres domésticos se quedaron bajo el agua. Salvamos solo el refrigerador y la cocina, pero de qué sirve si no tenemos alimentos ni ollas para hacer la comida. No tenemos ropa y menos productos de limpieza, lo necesitamos mucho”, manifestó Pinaye.

Esta familia compuesta por tres miembros, entre ellos un niño de tres años, permanece cobijada en un canchón debido a que no hay espacio en el resto de los albergues.

“Si bien no estamos cómodos, estamos algo seguros porque el agua está a unos dos metros de la calle. Estoy embarazada de cinco meses, por eso acudo a la gente para que nos ayude”, expresó Pinaye.

‘Aceptamos la propuesta de trasladarnos a la parte alta’

Emily Mamani - Vecina del barrio Mapajo“Lo que más extraño es la comodidad que tenía en mi casa por lo amplia que era, con su jardín y habitaciones grandes; ahora estamos cobijados en el coliseo y nada es igual, no hay privacidad. Debemos llorar en silencio y aguantar toda las incomodidades”, expresó Emily Mamani, de 21 años.

Ella es parte de una familia de 11 personas, entre ellas su hijo de 11 meses, que viven en el barrio Mapajo. Cuando sintieron el sábado por la madrugada la inundación por el desborde del Acre, todos salieron con alguna pertenencia.

“Mis padres querían volver a nuestra casa una vez que las aguas bajen su caudal, pero como hemos perdido algunas cosas que no pudimos sacar, les pedimos como hijos que busquemos otra vivienda”, dijo.

Con las experiencias de años anteriores, puesto que su casa siempre termina con el agua hasta el techo cuando llueve, la familia Mamani optó por aceptar la propuesta del Gobierno y trasladarse a la parte alta de Cobija y no seguir arriesgando sus vidas con las riadas.

‘Me preocupa que mis nietos crezcan con miedo al agua’

Roberto Lima - Habitante del barrio Mapajo

“Con esta última inundación del Acre ya he soportado tres veces ver a mi casa con el agua hasta el techo. Vivo en Mapajo hace 20 años y antes habían pocas casas, por eso creo que nadie se ocupaba de nosotros cuando quedábamos en la calle por un tiempo; pero como se ha poblado en los últimos años, la situación cambió”, relató Roberto Lima, de 56 años y vecino de Mapajo.

Recordó que en 2012 hubo otra inundación de gravedad y el Ejecutivo también llevó ayuda.

“Esa vez el Gobierno nos prometió casas para todos, pero no se construyó nada hasta el día de hoy. Ese año, la mayoría del barrio pensó que ya no pasaría nada porque no era recurrente por estos lados, la tranquilidad volvió, pero nos equivocamos porque tres años después las aguas del Acre nos asustan nuevamente”, manifestó Lima.

Una de las cosas que más preocupa a Lima es que sus nietos crecen con el temor hacia el agua. “¿Será que antes de morir pueda ver a mis hijos en una casa segura? Solo quiero tranquilidad para mi familia”.

‘La esperanza es que el Gobierno nos dé una casa’

Mariel Zaconeta - Vecina de Mapajo Bajo“En 2012 las aguas del río solo llegaron hasta los 50 centímetros dentro de mi casa y este año nos confiamos, por eso cuando nos alertaron pensamos que no iba a subir mucho y solo procedimos a colocar los artefactos en lugares más altos; nos quedamos con la esperanza de que nada iba a pasar, pero fue trágico”, mencionó Mariel Zaconeta, de 30 años. Ella vivía en el barrio Mapajo Bajo, que es más cercano a las orillas del río Acre.

Zaconeta indicó que al no hacer caso a las advertencias sobre el caudal, no alcanzaron a sacar más que un par de muebles. “Nos quedamos casi sin nada, es muy triste. Apenas logramos salir con mis niños con algo de ropa que llevábamos en ese momento. Estoy preocupada por nuestro futuro, siento impotencia”.

La mujer contó que son precisamente sus hijos los que la animan a comenzar de nuevo en una de las casas que construirá el Gobierno.

“La esperanza que queda es que nos den una casa lo antes posible, no sé cuánto más aguantaremos en un albergue, es incómodo”, dijo.

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