Sociedad

Farmacia Oruro se cierra tras 51 años de servicio

La Paz. La botica está ubicada en la plaza Murillo

Medicamentos. El negocio mantuvo su nombre durante medio siglo de servicio a la población.

Medicamentos. El negocio mantuvo su nombre durante medio siglo de servicio a la población. Miguel Carrasco.

La Razón (Edición Impresa) / Aleja Cuevas / La Paz

02:19 / 03 de octubre de 2015

El miércoles cerró la farmacia Oruro, una de las más antiguas de La Paz. El lugar atendió a miles de personas en el medio siglo de existencia. Su última dueña fue Guadalupe Cárdenas, la hija del propietario de Bristol, otro emblemático establecimiento.  La farmacia Oruro fue abierta en 1964. En 1983 los dueños, oriundos de la ciudad de Pagador, la vendieron a Cárdenas, quien en ese entonces se había titulado como farmacéutica.

“Son 32 años que administro esta farmacia sin cerrar ni sin descansar. Hay un momento en que el ciclo se cierra”, expresó nostálgica Cárdenas, quien realizaba ayer el último inventario en la botica ubicada en la plaza Murillo.

La motivación de tener una farmacia nació de su padre, Gerardo Cárdenas. A inicios de los años 40, unos alemanes, dueños de la botica Bristol, le cedieron el negocio, que en ese entonces estaba ubicado en la calle Genaro Sanjinés. Su padre murió en 1972. Recordó que en aquellos años, la cantidad de farmacias llegaba a 200; en los años 60, a unos 300. Actualmente hay 800 negocios tan solo en la ciudad de La Paz.

Atención. En tres décadas pasaron miles y miles de clientes, dijo Cárdenas, al recordar que atendió a generaciones de varias familias. “Lo que más nos dolía era enterarnos que al día siguiente o a la semana que un cliente venía a comprar un medicamento, éste moría por alguna enfermedad”.

Para Cárdenas, ser farmacéutica no es solo un negocio, sino un servicio porque las personas acudían a su establecimiento también en busca de que se les escuche las penas. “La pena provocaba estrés y dolores”, comentó.

Vidal Tarqui, el asistente que le acompañó durante los 32 años, manifestó que sentía que “se cerraba una casa a la que asistían los más cercanos: los clientes”.

Una de las asiduas pacientes era Ema Cornejo, a quien Cárdenas escuchaba y ayudaba en la lectura de análisis y tratamientos, tanto de su madre como de ella. “Es una persona que nos extendía la mano como profesional y como persona”, mencionó.

Cornejo apuntó que el desprendimiento era tanto, que en la farmacia inclusive se hacían descuentos o se daba a crédito los medicamentos. “La vamos a extrañar todos los clientes”. “Ya es hora de que me retire y me jubile”, señaló Guadalupe Cárdenas. Aclaró que la razón social de la farmacia Oruro se queda con ella. Entre tanto, se dedicará a leer, viajar y a su familia.

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