Sociedad

Mymba necesita leche y cariño maternal

La administradora de Senda Verde recomienda que de ninguna manera se debe recoger a un animal en una carretera o en el campo, bajo el justificativo de verlo solo o pensar que está extraviado.

Adaptación. Nymba sobre un árbol en el refugio de Senda Verde, ubicado en Yolosa, Coroico, en La Paz.

Adaptación. Nymba sobre un árbol en el refugio de Senda Verde, ubicado en Yolosa, Coroico, en La Paz. Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Luis Flores / La Paz

10:44 / 01 de diciembre de 2018

Un oso requiere convivir tres años junto a su madre para ser alimentado, aprender a subsistir y recibir cariño. Pero a Mymba, el osezno jucumari de cuatro meses que llegó a Senda Verde después de ser recogido por un transportista en Tarija, se le privó de ello.

“Hay que fortalecerlo en su alimentación porque no ha recibido la suficiente leche materna. Luego, hay cosas que están en su instinto, pero la mamá es la que les enseña, les muestra el peligro. Por eso es tan importante, porque ellos están hasta tres años con su madre”, subraya Vicky Ossio, quien junto a su esposo Marcelo Levy administra el refugio Senda Verde.

La Razón visitó ayer el centro de custodia de fauna silvestre, ubicado en Yolosa, en el municipio de Coroico (La Paz), a donde llegó el osezno de 4 meses, el miércoles.

Como una posible solución, Ossio analiza que Tipnis, la única hembra jucumari de Senda Verde, lo acepte como su cría para darle el apoyo alimentario, las enseñanzas y el cariño materno. La cuadrúpeda tiene 7 años de edad.

Como cualquier osezno, Mymba es juguetón y le gusta explorar. Ayer se trepó a un árbol para quebrar hojas. Está sano, pero con un poco de problemas estomacales. “Es normal, después de lo que vivió”, comenta la administradora.

Levy explica que los jucumaris del refugio (Aruma, de 11 años; Tipnis, la hembra de 7 años; Ajayu, el oso de 6 años que perdió un ojo por el maltrato que sufrió) viven aislados porque son animales solitarios, por ello se habilitará una separación solo para Mymba y Tipnis.

  • Ossio con Aruma, el jucumari que reside en Senda Verde. (Foto: Pedro Laguna)

Detalla que los machos son agresivos con los oseznos, por lo que es importante la distancia sobre todo de Aruma, el macho adulto. “Vamos a hacer una jaula de manejo para que el macho no se acerque. Se intentará ver cómo le irá con la hembra (Tipnis). Nunca sabes, no hay una garantía de que acepte al bebé”.

El pequeño fue hallado el 6 de noviembre por un transportista en la carretera que une Tarija con Chuquisaca. El conductor entregó el animal a la Organización No Gubernamental (ONG) Protección del Medio Ambiente Tarija (Prometa), que luego lo trasladó al Bioparque, indicó el director de Gestión Ambiental y Biodiversidad de la Gobernación de Tarija, Eduardo Rueda, a medios locales.

Ossio considera que se debió enviar al animal a un centro adecuado “mucho antes”. “Acá debía estar en cuarentena (acción de aislar o apartar a los animales durante un período de tiempo para evitar o limitar el riesgo de que transmita o contagie alguna enfermedad a otros animales), pero ya estuvo mucho tiempo en esa situación en Tarija, así que ya lo acomodamos en un ambiente cerca de nuestra clínica”, menciona.

La administradora de Senda Verde recomienda que de ninguna manera se debe recoger a un animal en una carretera o en el campo, bajo el justificativo de verlo solo o pensar que está extraviado.

Rescate

“El chofer contó que vio a una osa con dos pequeños y que por el ruido del auto se escaparon, pero Mymba se quedó solo y por eso lo recogió. (...) Yo llamé y les dije que lo devuelvan al lugar donde lo encontraron porque la mamá irá a recogerlo, pero me dijeron que ya estaba en Tarija y que estuvo dos o tres semanas en una casa”, lamenta la experta, quien reitera que al recogerlo se daña al animal en vez de ayudarlo.

La jaula del osezno en Senda Verde mide seis por seis metros, posee un árbol y el techo cerrado. “Son habilísimos trepadores, no podemos correr el riesgo de que se salga”, comenta Ossio.

Mymba, que significa animal en guaraní, es un denominativo que aún se verá si se mantiene, señala Levy, quien sostiene que se tiene que “entender al animal, ver sus características”. “Yo me meteré a escucharlo y él me dirá qué nombre quiere tener”. En el refugio viven 800 animales de 46 especies, entre aves, felinos, monos y otros.

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