Sociedad

En La Paz, 6 de cada 10 familias conviven con parientes cercanos

Una investigación revela que seis de cada diez familias de La Paz son extendidas, es decir, que están integradas por miembros de más de dos generaciones. En tanto que la cantidad de hogares “ideales” y monoparentales es bastante similar.

Una familia numerosa.

Una familia numerosa.

La Razón / Guiomara Calle / La Paz

00:02 / 08 de julio de 2012

Dos expertos, en Psicología y Sociología, consideran que una familia extendida puede tener ventajas en el ahorro económico y el apoyo en la crianza de los hijos, pero advierten que también podría derivar en el deslinde de responsabilidades por parte de los progenitores.

El estudio denominado “Estructuras e interacciones familiares” —de la carrera de Antropología y Arqueología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz y el Departamento de Investigación Posgrado e Interacción Social (Dipgis)— fue realizado en el área urbana de las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz.

“En mi casa somos como tres familias, primero mis papás, después mi esposo, mi hija y yo, y mi hermana y su hijo que también viven con nosotros. Todos cocinamos, comemos de una sola olla, trabajamos por toda la familia y cada uno aporta económicamente”, dice el relato de una persona, recogido en el informe.

Según los datos, 57% de las familias de la urbe paceña es extendida. Se entiende por extendida aquellas integradas por miembros de más de dos generaciones, donde abuelos, tíos y otros parientes comparten una vivienda y participan en el funcionamiento familiar.

“Las familias de La Paz incluyen a abuelos, hijos, nietos y acogen a yernos, nueras, tíos, empleados y otros, unidos a partir de una base económica y afectiva. De acuerdo con una serie de encuestas, se evidencia que la presencia de familias extendidas en la ciudad de La Paz se constituye en un fenómeno cotidiano”, se lee.

En criterio del sociólogo René Pereira, la conformación de las familias extendidas obedece a una estrategia para reducir la pobreza, pues hacerlo ayuda a economizar. “Juntar a una familia amplia alrededor de una sola cocina” se convierte en una especie de ventaja de este modelo de familia, opina.

Riesgos. Sin embargo, el psicólogo Róger Cuevas advierte de ciertas desventajas y riesgos pues considera que hay padres que, apoyados en “los otros” dejan de lado la responsabilidad de la crianza de los hijos.

Este tipo de hogares “son particularidades remitidas a lo cultural, por lazos de afectividad, pero también hay parejas que hallan en este tipo de familia la forma de deslindar la responsabilidad de criar a los hijos en los tíos, abuelos u otros parientes”, afirma.

La investigación también revela que la unión nuclear u hogar “ideal” representa sólo el 17,21%. Este grupo está constituido por padre, madre e hijos, unidos por lazos de consanguinidad, “que conviven bajo el mismo techo y desarrollan sentimientos de afecto, intimidad e identificación”.

La cifra es apenas un poco mayor a la cantidad de familias monoparentales (16,39%), es decir, aquellas en las que hay una sola figura parental, padre, madre, otro adulto a cargo y en ocasiones, incluso, un hermano mayor que cumple las funciones de padre. Además, en gran parte de éstas se detectó la ausencia total de uno de los progenitores.

“La familia ideal es la que está constituida por el papá, la mamá y los hijos, pero esta idealidad no se cumple en el país y eso está demostrado con el estudio que encuentra apenas un 17,21% de este grupo. Temas de divorcio, separación y migración están complotando y erosionando la familia nuclear” en La Paz, expresa Pereira sobre el hallazgo del estudio.

Disolución. El sociólogo dice que debe llamar la atención la escasa diferencia entre el número de familias “ideales” y monoparentales, pues otros estudios también prueban que existe un alto nivel de divorcios, separaciones y abandono por parte de uno de los cónyuges.

Cuevas atribuye la similitud entre ambas cifras a la desestructuración familiar. “Los roles y funciones de los progenitores han sido distorsionados y en muchas ocasiones ellos deciden más como pareja que como padres. La responsabilidad de los papás se ha ido deslindando en estos últimos años”, manifiesta el psicólogo.

En cuanto a “la cabeza de la familia”, el estudio resalta que en los hogares paceños hay una relación directa entre autoridad e ingresos económicos porque el aporte que hace uno de los miembros condiciona, en general, que sea él o ella quien tome las decisiones.

En la mayoría de los casos se reconoce a la madre como cabeza de familia, pero aún existen modelos patriarcales donde el padre es quien asume la última palabra. “Vivimos en una sociedad machista, resulta disfuncional y poco placentero que las mujeres manden en las casas y es algo en lo que debemos trabajar”, dice Pereira.

Datos sobre el trabajo de la UMSA

La investigación fue coordinada por Claudia Vincenty y Luis Castedo. Para el trabajo de campo se contó con un grupo de universitarios de las carreras de Antropología, Arqueología y Sociología del eje troncal (La Paz, El Alto, Cbba. y Santa Cruz). El estudio se hizo en 2011 y se presentó este año.

Cruceños conservan ‘prácticas’ del pasado

Según la investigación “Estructuras e interacciones familiares” en algunas familias de “estirpe camba” aún existe la práctica de seleccionar esposo para la hija con el propósito de conservar “la esencia de la cruceñidad”.

De acuerdo con el estudio elaborado por la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz, antiguamente, en la ciudad de Santa Cruz, eran las familias las que decidían con quién se debía casar una hija, lo que no sucedía con los varones, quienes tenían mayor libertad de decidir por sí mismos en todos los ámbitos.

El estudio estableció que si bien esta práctica ya no es habitual en la actualidad, aún se mantiene “en cierta cantidad de familias tradicionales” que velan por la “conservación de su casta”. En criterio del sociólogo René Pereira, aspectos como éste no son aceptables en sociedades modernas porque van más allá de lo cultural y rayan en lo “racista”.

Críticas. “Hoy en día estamos hablando de familias transnacionales, de familias que se abren a la modernidad y pensar en un proyecto que está respetando la estirpe o la casta suena a un pasado obsoleto que de ninguna manera puede ser aceptado por la sociedad”, opinó. Para el psicólogo Róger Cuevas, el pretender conservar este tipo de actitudes puede poner en evidencia, al margen de lo cultural, el hecho de que existan otros intereses de por medio.

El estudio también resalta que la modernización de las condiciones de vida en el oriente contribuyó a la emancipación de la mujer cruceña, “porque ellas ahora estudian, trabajan y son profesionales”. “La administración de la economía del hogar, en la mayoría de los casos consultados, es responsabilidad de la madre, aunque sea el padre quien solvente monetariamente”, dice el estudio.

La Paz, ciudad receptora

Según el informe, la ciudad de La Paz está caracterizada por la presencia elevada de migrantes, la mayoría de los cuales pertenece a grupos de origen aymara, cuyo inicial establecimiento y desarrollo se da en determinados espacios de la ciudad, especialmente la ladera oeste. Los elementos culturales aportados por los migrantes, junto a los procesos de modernización, implicaron la transición de formas de organización económica y social.

El factor económico pesa

En La Paz, el concepto de “perfección familiar” está muy ligado a la bonanza económica: “Lo ideal sería una familia sin penurias económicas,con todas sus necesidades cubiertas” es la frase que resume esta idea. De acuerdo con la investigación, ésto resulta lógico considerando la realidad que se vive en la sede de gobierno, una ciudad marcada por la inestabilidad laboral, la migración y el crecimiento del empleo informal y cuentapropista.

Alteñas toman las riendas

“Los roles y funciones de las mujeres en la urbe alteña transitan entre el espacio público y privado. En tanto la célula familiar tiende a reducirse a la pareja y los hijos, las mujeres ocupan una posición poco envidiable. Cuando el hombre se ausenta de manera temporal o permanente del hogar, cuando no consigue un ingreso estable, o cuando existe separación o divorcio, las mujeres toman las riendas de la familia y la mantienen”, dice el informe.

La pobreza obliga a laborar

La realidad económica que vive la sociedad alteña es dura y difícil, puesto que los integrantes de una buena cantidad de familias no logran encontrar un trabajo estable en el sector formal, indica la investigación. Por ello, para lograr ingresos se dedican al comercio informal, cuyas condiciones son “verdaderamente precarias”. La economía familiar y la pobreza van de la mano en El Alto, tanto el padre y la madre deben realizar un sinfín de trabajos para mantenerse.

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