Sociedad

Jóvenes bolivianos recomponen sus sueños tras los muros del penal de Qalauma

Los 136 varones que habitan Qalauma pasan parte del tiempo en la escuela y en los talleres de carpintería, panadería, repostería, galletas, gastronomía, costura, serigrafía y arte.

El centro de reinserción social boliviano Qalauma. Foto: Archivo

El centro de reinserción social boliviano Qalauma. Foto: Archivo

La Razón Digital / EFE / La Paz

12:55 / 11 de noviembre de 2016

Es día de visitas en el centro de reinserción social boliviano Qalauma y afuera, en la mirada de los familiares que esperan para entrar, se entrevé la pesadumbre de contemplar cautivos los sueños de nietos, hijos, hermanos o parejas.

Qalauma, palabra aimara que significa "la gota que labra la piedra", es la primera institución para adolescentes y jóvenes en Bolivia que tiene un programa concreto de rehabilitación que les ayuda a recomponer sus sueños para ver con esperanza el futuro.

Desde que abrió en 2011, Qalauma, que se encuentra a 30 kilómetros de La Paz, ha enarbolado la bandera de los derechos y el trato con dignidad y ha trabajado con más de 700 muchachos.

Actualmente, el 85 % de los 159 chicos de ambos sexos recluidos está con detención preventiva, que conlleva la incertidumbre de no saber cuándo serán sentenciados, ni cuánto tiempo más tendrán que pasar tras los muros que los separan de su libertad.

En una visita de Efe al lugar, el responsable socio educativo del centro, Javier Enríquez, explicó que el principal objetivo es librar a los jóvenes de las cárceles de adultos, conocidos en Bolivia por sus graves problemas de hacinamiento, precariedad y violencia.

Qalauma es, según Enríquez, el único lugar de este tipo donde se asume la necesidad de la justicia restaurativa para facilitar el retorno de los jóvenes a la vida sociedad y lo hace con talleres de producción autosostenible dentro de sus instalaciones.

El centro nació por iniciativa de la Defensoría del Pueblo, de la Diócesis de la ciudad de El Alto, aledaña a La Paz, y contó con el apoyo de ProgettoMondo Mlal, una ONG italiana, cuando todavía el Estado boliviano no se hacía cargo de este grupo social.

Ariel (nombre ficticio) es un joven de 24 años que fue trasladado a Qalauma desde la cárcel paceña de San Pedro, donde hay dos mundos: uno de día y otro "conflictivo" que despierta de noche.

"En San Pedro no había nada para hacer, todo depende de uno mismo Los policías están en la puerta y los internos manejan la cárcel por dentro, no les interesa nada más. Si vos vives, vives; si mueres te sacan en un cajón y no se pueden quejar a nadie", recuerda afligido.

En 2015 lo sentenciaron a 25 años sin derecho a indulto, por un delito del que se considera inocente, pero no quiere comentar.

Antes de ser condenado pasó cinco años detenido de forma preventiva, sometido por una justicia que considera "injusta".

"Mis sueños eran salir, poder ver a mi familia y estudiar. Lamentablemente son ya muchos años y cada sueño que yo he tenido se ha ido desvaneciendo con el tiempo, ha ido muriendo", lamenta.

Sin embargo, en Qalauma, Ariel es ahora uno de los responsables de la biblioteca y además de la pasión que ha desarrollado por los libros también se ha convertido en un amante de la robótica.

En la cocina está Sebas (nombre ficticio), quien lleva cuatro de sus 22 años de vida también en régimen de detención preventiva.

Mientras hace el reparto del arroz con verduras que ha preparado junto a otros internos comenta que no tiene un taller preferido, pero que le gusta "aprender de todo" en Qalauma.

Cuenta que terminó el año pasado el bachillerato en el Centro de Educación Alternativa que funciona dentro del centro, y declara rotundo: "mi sueño es estudiar contabilidad cuando salga".

Claudio (nombre ficticio) tiene 18 años y ha pasado un año y medio en Qalauma, donde tiene que estar dos más, pero los pasará haciendo lo que más le gusta: trabajar la madera.

"Carpintería es una posibilidad de trabajo para cuando salga, sino yo mismo me puedo armar mi carpintería porque ya tengo todo lo básico y el conocimiento", dice esperanzado.

Los 136 varones que habitan Qalauma pasan parte del tiempo en la escuela y en los talleres de carpintería, panadería, repostería, galletas, gastronomía, costura, serigrafía y arte.

A pesar de la idea de trabajo mixto con la que nació el proyecto, las 23 chicas del centro conviven en otro espacio donde, según expresaron a Efe, la falta de variedad de talleres las obliga a ocupar una vez por semana las instalaciones de repostería.

"Lo que se quiere es que ellas en su espacio tengan también sus propios talleres, sus propias áreas de atención, pero, obviamente, eso depende mucho del presupuesto", argumenta Enríquez.

El Estado ha incrementado en Qalauma el personal para la vigilancia, pero se ha reducido el número de educadores que se ocupaba, entre otras cosas, del control de las áreas.

Debido a esa falta de más espacios para las mujeres, algunas de ellas protestan porque "no haya nada que hacer", mientras que otras agradecen la formación que reciben gracias a voluntarios y universitarios que realizan talleres sobre embarazos y enfermedades.

Así lo confirma Jhurumi (nombre ficticio), de 22 años, que hace una pausa para almuerzo para hablar de Qalauma.

"La formación que recibo acá me ayuda mucho, no solo por los certificados, sino porque me ayuda a pensar, a madurar, me ayuda a ver lo bueno y lo malo, lo perdido y lo ganado", reflexiona Jhurumi, tras llevar cuatro meses de una sentencia de ocho años. (11/11/2016)

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