Sociedad

Shirley y Noemí, las primeras maestras de estatura baja

Las dos jóvenes se preparan para enseñar a los niños del nivel inicial en colegios

Shirley Basualdo y Noemí Salazar

Shirley Basualdo y Noemí Salazar Foto: Jose Lavayen.

La Razón Digital / Aleja Cuevas / La Paz

12:11 / 06 de junio de 2017

Hace 17 años, a Shirley Basualdo le cerraron las puertas de la entonces Normal de La Paz por ser de talla baja, pero eso la fortaleció para insistir. Hoy hace sus prácticas porque pronto se graduará como maestra. Ella y Noemí, quien tiene acondroplasia, son las primeras de estatura baja en esas aulas.

Shirley detalló que su estatura llega a 1,20 metros. Tiene un hermano de 12 años, una mamá que es comerciante ambulante de servicio de café en la calle Comercio y un papá con discapacidad visual, quien no paró hasta ser maestro de Música en el colegio Holanda. Ella heredó la fortaleza de sus padres.Recordó que de niña peregrinó junto a su madre por varias escuelas para que la acepten en kínder. “Me dolía mucho cuando los niños me preguntaban: ¿por qué eres chiquitita?”.

Al finalizar el bachillerato, en 2000, intentó inscribirse a la normal, ahora Escuela Superior de Formación de Maestros Simón Bolívar, pero le negaron el ingreso. Su progenitora le dijo que se conformaba con que fuera bachiller, pero su padre fue quien le dio el impulso para seguir y “llegar lejos”.

Entonces, ella ingresó a la carrera de Ciencias de la Educación, en la Universidad Nacional Siglo XX, en Llallagua (Potosí); realizó su internado en Oruro y en 2016 defendió su tesis. “Fui la única persona con discapacidad, me formé en lo académico y en lo político, porque era la primera ejecutiva electa de mi carrera”.

  • Curso. Shirley Basualdo, de pie, y Noemí, en una clase de la Escuela Superior Simón Bolívar. Fotos: José Lavayén

Inclusión. En 2013, Shirley decidió postularse otra vez a la exnormal para ser maestra de nivel inicial y la aceptaron porque ya existía la Ley Avelino Siñani-Elizardo Pérez (070), que establece la educación inclusiva. “Como tenía más conocimientos y práctica, me adapté más fácilmente”, recordó la joven de 28 años.

Martha Alvarado, su docente de Inglés, en la rama de Comunicación y Lenguaje, explicó que hicieron un currículo diferente para Shirley, en el que reemplazaron los ejercicios físicos por otro tipo de estrategias en aula.

Actualmente la joven realiza sus prácticas de último año. Los niños del kínder Tokio, donde ella estudió, fueron sus primeros estudiantes. Rememoró que sintió miedo, pero no lo demostró. “Entré al curso, los niños me miraron y preguntaron ¿por qué eres así?, ¿vas a crecer como mi profesora? Les respondí que no iba a crecer, pero igual podía enseñarles”.

Cuando La Razón visitó la exnormal, Shirley demostró su dominio en aula con sus compañeros de primer año. Ella recordó que una vez dio una clase a los de cuarto año de la carrera de Música y Artes, y uno de los estudiantes la interrumpió. “Le respondí: no le gusta mi clase compañero, puede retirarse, a mí me cuesta hacer esta clase y para usted es fácil insultar y molestar”.

Pizarra. Confesó que la altura del pizarrón es uno de sus obstáculos a la hora de dictar clase, pero ella se da modos, alista sus propios cuadros y pide ayuda a sus alumnos para sujetarlos.

Uno de sus desafíos es hacer su año de provincia en Viluyo (Llallagua), donde cuenta con el cariño de la gente. Otra meta es tener una familia con su novio, un joven “normal”.

Noemí Salazar, de 25 años, es la segunda estudiante de talla baja en la historia de la Escuela de Maestros de La Paz. Ella cursa el primer año y, al igual que Shirley, será maestra de inicial.

Recordó que en el colegio se burlaban de su acondroplasia (trastorno genético que afecta al crecimiento óseo y causa el tipo más común de enanismo), la llamaban “Mafalda” o “Chuki”. Por eso, ella quiere fomentar una educación diferente.

Tras salir bachiller se matriculó en la carrera de Arquitectura de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), pero decidió abandonarla porque se le dificultó hacer y manejar las maquetas. Entonces buscó un espacio en Comunicación Social para especializarse en publicidad.

Pero para cumplir su propósito de ofrecer educación sin discriminación estudia paralelamente para profesora, su hermana y tía, que ya son educadoras, la motivaron. “Al final aprendí a querer esta carrera de maestra”, indicó Noemí.

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