Sociedad

Suman seis las víctimas fatales por maltratos en geriátrico ilegal

Proceso. Un juez dispuso la detención preventiva de Sonia Chávez, dueña del lugar

Acusada. Sonia Chávez (derecha) escucha el informe de la fiscal en la audiencia de medidas cautelares.

Acusada. Sonia Chávez (derecha) escucha el informe de la fiscal en la audiencia de medidas cautelares.

La Razón / Angélica Melgarejo / Cochabamba

01:26 / 06 de octubre de 2012

“Un hecho monstruoso e inhumano”. Así calificó la fiscal Claudia Mancilla a la actitud de Sonia Chávez, dueña del geriátrico ilegal Los Ángeles, donde  se maltrataba a ancianos. Hasta ayer se conoció las historias de seis adultos mayores que fallecieron.

Los ancianos internados en el geriátrico Los Ángeles eran víctimas de golpes, torturas y tratos “inhumanos”. La mayoría presentaba moretones y fracturas, argumentó la representante del Ministerio Público en la audiencia de medidas cautelares, en la que se dispuso la remisión de Chávez a la cárcel de San Sebastián.  En el sustento legal, el  juez Séptimo de Instrucción Penal Cautelar, Jhasmani Zenteno, dijo que se  advirtió “la probabilidad de culpabilidad y peligro de fuga”.

Hasta ayer, se conoció de seis fallecimientos producto de maltratos recibidos en la casa de retiro, ubicada en Alto Pacata. Sólo uno no fue denunciado formalmente. La fiscal Mancilla manifestó que el geriátrico funcionó durante ocho años ilegalmente por lo que podría haber más víctimas.

El caso se conoció tras la denuncia de la muerte de don Erlín Lara (77 años), quien tras haber sido maltratado, fue rescatado por personal del Servicio de Gestión Social (Sedeges), el 17 de septiembre, y falleció cuatro días después por un “paro cardiorrespiratorio irreversible y múltiples lesiones”.

El día de la intervención, Chávez ocultó a otros dos ancianos en el geriátrico. Doña Julia (sordomuda) que fue encontrada encerrada en el baño, dopada y semidesnuda; y don Wálter Claros (82), en otra habitación.

Según informe del Sedeges, antes de su muerte, don Erlín contó  que Chávez los pegaba “como hombre”. “Me agarraba a sopapos y con garrote. Me quería escapar, pero no podía, ella me dijo que si hablaba, me iba a matar, no sólo a mí, también a Wálter y a Julia”, reveló en un video grabado por familiares.

Denuncias. Erlín fue internado en la Clínica Boliviano Americana donde falleció. Los otros ancianos fueron  trasladados al hogar Sumaj P’unchay, donde se constató que Wálter estaba lleno de moretones. Sus familiares se lo llevaron sin presentar denuncia.  Don Wálter falleció el 3 de octubre. “El señor estaba hospitalizado en la clínica Cobija, estamos esperando la denuncia de los familiares”, informó Mancilla.

“Existen otras denuncias”, expuso la fiscal. Doña Felicidad Gutiérrez también estuvo internada en el geriátrico. Su nieto, Lucio Ávila,  denunció que tuvo que sacarla a escondidas, porque ella contó que Chávez la pegaba. Cuando la sacaron del lugar, tenía varios moretones en la espalda, luego falleció en una clínica.

Además, la familia Muñoz denunció que su madre, Marina (82), murió en el hospital, el 22 de agosto de 2011, al día siguiente de rescatarla del geriátrico. “Tenía moretones en todo el lado izquierdo, fracturas en dos costillas y perdió el conocimiento. Doña Sonia indicó que se cayó de la silla de ruedas (lo mismo señaló en el caso de don Erlín Lara)”.

Otro caso es el de don Raúl Loayza (82), oriundo de Potosí, llegó al asilo en 2009. La hija Yolanda denunció que su padre pedía  que lo saquen, mostraba hematomas en las rodillas y brazos, y pellizcos en las orejas. Lo sacaron después de dos meses,  lo internaron en el hospital y falleció dos semanas después, el 20 de febrero de 2010. La sexta víctima fue Macario Sanjinés  (89), quien ingresó en marzo de 2007, su hija Norah Sanjinés denunció que “Chávez le amarraba los pies”, lo que le provocó una necrosis que lo llevó al hospital Viedma, donde falleció, en septiembre de ese año.

La casa de retiro hacía publicidad en volantes 

Todas las víctimas llegaron al geriátrico Los Ángeles por una publicidad repartida en diferentes lugares de Cochabamba.   En volantes se publicitaba sobre un “excelente cuidado, atención médica especializada y  personal capacitado”.

En el lugar, los ancianos no podían recibir visitas por un mes. Chávez era la única persona que los atendía. Supervisaba las visitas para evitar que contaran sobre los malos tratos, golpes y vejámenes que recibían. Si hablaban, “los sacaba a las tres de la madrugada para echarles agua fría”, según el Sedeges.  “Se advierte total maltrato y desprecio hacia los ancianos”, refirió la fiscal Mancilla, quien añadió que en este caso, las denuncias podrían ampliarse a otras personas porque los relatos dicen que “ella (Chávez) no lo hacía sola, sino con sus hijos”.

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