Sociedad

Las ‘wallunk’as’ comienzan en el valle con las coplas al amor

Tradición. La joven debe atrapar con los pies el ‘canasto de ilusiones’

Alegría. Carmen fue una de las participantes de la ‘wallunk’a’ en la zona de Cotapachi, Cochabamba.

Alegría. Carmen fue una de las participantes de la ‘wallunk’a’ en la zona de Cotapachi, Cochabamba. Fernando Cartagena.

La Razón (Edición Impresa) / Jackeline Rojas / Cochabamba

01:47 / 04 de noviembre de 2015

Kay k’acha ñawita, ay palomitay, songoyra suwawan (esta wawa bonita, ay palomita, me ha robado el corazón) dice la copla cantada en quechua por hombres y mujeres mientras coquetean entre sí, como parte del ritual al amor, conocido como wallunk’as, una tradición de noviembre. 

Sin dejar de cantar, la muchacha sube al columpio (wallunk’a) y el joven jala la cuerda pesada para elevarla por lo alto y hasta que ella pueda atrapar con los pies un canasto hecho de cañahueca (planta con tallos de hasta tres metros), que simbólicamente contiene todas las ilusiones, esperanzas y deseos de la mujer, quien espera casarse con quien jala la cuerda.

A este ritual se lo conoce como la fiesta de las wallunk’as, una tradición cochabambina que es realizada durante todo noviembre y que se celebra en Cochabamba. Una de las más vistosas se llevará a cabo el domingo en el bosquecillo de Tiatacu (provincia Esteban Arze-Tarata).

Júbilo. En el centro de Cochabamba, las wallunk’as se dan en la zona de La Maica y Cotapachi. “Es una sensación hermosa, ir por los aires y mirar aquello que anhelas alcanzar, pero en ese vaivén también sientes el vacío”, manifestó Marianela Miranda, quien participó de la wallunk’a luego de despedir a los difuntos. “Es el vaivén entre la vida y la muerte, la muerte y la vida”, explicó  a su vez el antropólogo y docente universitario Wilfredo Camacho.

La wallunk’a es un espacio dedicado a encontrar pareja, una transición del ch’aqui pacha (tiempo seco) al paray pacha (tiempo húmedo), la época de la fertilidad.  Según Camacho, los abuelos decían a sus nietos que vayan a conocer y a enamorar, y ahí empezaba la fiesta, que concluye con la llegada del festejo a San Andrés, conocido como el Señor de las Lluvias, un elemento fusionado con la Iglesia Católica.

En Cotapachi, las jóvenes Elena y Carmen también disfrutaron de los columpios y de soñar mientras elevaban los pies en busca de sus sueños, para luego festejar compartiendo entre sí un poco de chicha.

“Cuando la chica logra coger con los pies la canastilla suena la diana del triunfo y para completar el ritual, la mujer se cuelga la canastilla en la espalda para que todo lo soñado se cumpla. Los demás derraman sobre ella pétalos de flores y le convidan en tutuma chicha k’ulli con helado de canela, frutilla y coco. Pero antes de beber, ella tiene que invitarle a la Pachamama”, dijo el antropólogo.

Camacho consideró que la fiesta se fue comercializando y tergiversando. Citó como ejemplo la música estridente que no permite el canto de los jóvenes y el hecho de que “algunos tomen esta costumbre como un pretexto para beber”. Pese a ello, algunas organizaciones como el Centro Cultural de Jóvenes de Tiatacu intenta revivir los elementos tradicionales. Luego de noviembre, el enamoramiento persiste hasta mayo, cuando se celebra la Fiesta de la Cruz.

Elementos del ritual de parejas

Fertilidad

La wallunk’a es el columpio armado con postes de eucalipto, del que penden cuerdas de plástico. Antes eran hechas de cuero de res. También llevan el ph’ullu (frazada rústica de colores), como el asiento.

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