Sociedad

Tratamiento médico ofrece alivio al dolor en los casos terminales

La nutricionista Zulma Calderón, de 55 años, murió de cáncer terminal de huesos, además tenía 11 tumores. No sufrió porque en sus últimos tres meses de vida recibió el tratamiento de la medicina del dolor, una rama dedicada a pacientes con este tipo de padecimientos.

Dolencias. La doctora Karín Glasinovic y el doctor Marco Antonio Narváez revisan a un paciente con mal crónico.

Dolencias. La doctora Karín Glasinovic y el doctor Marco Antonio Narváez revisan a un paciente con mal crónico.

La Razón / Óscar Ordóñez / La Paz

00:02 / 25 de marzo de 2012

Esta especialidad, encargada de tratar a personas con dolores leves, moderados, severos o insoportables se aplica en Bolivia. El médico Marco Antonio Narváez es el experto en cuyas manos recae la responsabilidad de devolver a sus pacientes el alivio de “sentirse vivos” y superar el dolor, aún sean enfermos terminales. “Nuestro mayor esfuerzo lo concentramos no sólo en ese tipo de pacientes, sino en quienes sufren también dolores insoportables”, dice.

Por ejemplo, Rosario López, docente de Odontología de la Universidad Mayor de San Andrés, se vio sorprendida con la neuralgia del trigémino, un dolor intenso y frecuente en los ojos, labios, nariz, cuero cabelludo, frente y mandíbula al mismo tiempo. Logró curarse gracias a la aplicación de este método. En 2010, a Cinthia Flores le detectaron hernia de disco lumbar. Había sentido dolores en la espalda, pero no le dio importancia, hasta que no pudo levantarse de la cama.

Narváez le dijo que la curaría sin operarla. Le aplicó en dos oportunidades radiofrecuencia, toques eléctricos, que le dieron fuerza para vivir. Desde hace 14 años, Narváez atiende éste y otros casos en la Clínica del Dolor, ubicada en la Calle 1 de Los Pinos, zona Sur, a donde llegan pacientes desesperados por respuestas positivas para sus sufrimientos.

El galeno dice estar convencido de que ningún paciente debe soportar dolor para curarse. Su tesis la fundamenta en el hecho de que la ciencia descubrió síntomas adversos, complicaciones del dolor no controlado en operaciones realizadas de manera inadecuada. “Producto de ello, una persona operada siente complicaciones y ve mínimas sus defensas”.

“Un paciente mal operado de cáncer tendrá metástasis, es decir, va a diseminar ese mal al organismo si tiene un dolor no controlado”, afirma. En estos últimos años, Narváez  atendió pacientes con cáncer. El equipo de profesionales a su cargo predispone a quienes sufren de este mal terminal a una muerte tranquila, ofrecen un tratamiento paliativo y psicológico que les ayuda a soportar su padecimiento.

La terapia incluye también a los familiares del enfermo. De ello se encarga la especialista en medicina paliativa Karín Glasinovic, a quien le resulta difícil no involucrarse con lo que viven sus pacientes, porque pelea “con la frustración, con la ansiedad, con la impotencia y con la desesperación de los enfermos y de sus familiares”, dice. La medicina paliativa, según Glasinovic, “ayuda al paciente a vivir y a morir cuando el fin ya es inevitable”. “Se trata de que el enfermo terminal viva con dignidad la última etapa de su vida, recibe apoyo emocional y logra aliviar sus molestias”, afirma.

Tipos de males que se tratan

Dolencias

Pacientes con cáncer, dolor de espalda, columna, hernia, herpes, postamputaciones, dolores de difícil control, fracturas de vértebra lumbar, colapsos de vértebra lumbar, trauma; dolor testicular, dolor de extremidades, neuralgia del trigémino y otras.

Servicios

Hay tratamientos farmacológico, quirúrgico. Aplican medicina paliativa y medidas complementarias.

Atención

Los centros de atención en La Paz se encuentran en el Hospital Arco Iris, la Clínica del Dolor: Vitalis. Hay especialistas del dolor en Cochabamba, Sucre y Santa Cruz.

Los métodos aplicados

En aquellos pacientes que ya fueron operados, la intervención quirúrgica denominada “invasiva” se emplea con agujas o catéteres para eliminar el dolor no controlado, explica el doctor Marco Antonio Narváez. “Entramos al cuerpo del paciente con agujas, radiofrecuencias o sondas para aliviar el dolor. La aguja llega a la zona localizada, a través de una radiografía, y neutraliza, bloquea o destruye el nervio que produce el dolor, con un agente químico llamado fenol”.

Narváez añade que los pacientes con cáncer en el páncreas que atendió han podido superar la etapa del dolor. “Si bien este cáncer es incurable, hacemos que la persona reciba la muerte de manera sosegada y preparamos también a sus familiares”, añade.

Quienes sufren dolores insoportables y no tienen cáncer terminal pueden sanar, asegura el especialista. Pero es importante comprender, añade, que un enfermo con dolor crónico se aleja poco a poco de su medio y de su entorno familiar.

“Su rendimiento no es el adecuado y tiene efectos secundarios hasta en la economía del hogar”, sostiene. El apoyo de la familia, en estos casos, es de vital importancia. “Lo primero que se debería hacer es munirse de la información adecuada para luego tomar decisiones correctas”, sugiere Narváez.

‘Volví a mi vida normal’: Rosario López, docente de Odontología

En junio de 1999, a Rosario López le detectaron neuralgia del trigémino, un dolor intenso y frecuente en los ojos, labios, nariz, cuero cabelludo, frente y mandíbula al mismo tiempo. La revista virtual Medline Plus explica que este mal puede aparecer y de-    saparecer durante días o inclusive meses. López atribuye su enfermedad al excesivo trabajo. “Soy docente de Odontología, en la Universidad Mayor de San Andrés, tenía 900 alumnos a mi cargo, daba clases en Diplomado de Educación Superior. Dejé algo para curarme”.

Luego de consultar a  diez neurólogos, el último logró controlarle la neuralgia del trigémino. Pero medio año después las repercusiones retornaron con la neuralgia del glosofaríngeo, otra enfermedad que se caracteriza por un dolor intenso en la lengua, la garganta, el oído y las amígdalas. Medline Plus afirma que ésta puede durar pocos segundos como varios minutos. “Y volvió la pesadilla de sufrir”, recuerda López.

Tratamiento. En 2004, alguien le habló de los efectos curativos de la medicina del dolor. Llegó a su consultorio acompañada de toda su familia, porque no podía sostenerse de pie. “Me dio un calmante que me alivió de inmediato. Después empecé el tratamiento y aún lo hago porque no seguí las indicaciones del doctor”, admite. “Pese al estrés que tenía, hoy puedo hablar, he vuelto a mi vida normal y puedo servirme un vaso con agua por mí misma”.

‘El dolor cesó, ya camino’: Cinthia Flores, administradora de empresas

En diciembre de 2010, los médicos le detectaron a Cinthia Flores hernia de disco lumbar. Un mes antes sintió dolores en la parte baja de la espalda, pero no les dio importancia. “A raíz de eso se desencadenó todo”, recuerda. Tres meses después vino lo peor: no pudo levantarse de la cama. Los dolores que Flores decía sentir “eran insoportables”.

Radiofrecuencia. Flores tenía un disco desgastado entre las vértebras de la columna, a la altura de la cintura. Empezó a utilizar silla de ruedas. Y así fue que acudió a la Clínica del Dolor, donde le dijeron que la curarían sin necesidad de operarla.

Narváez la trató con radiofrecuencia, es decir, le aplicó en la zona del dolor toques eléctricos. “El resultado fue muy positivo. Todos vieron una diferencia, porque el dolor, que es lo que más me agobiaba, cesó y pude dar mis primeros pasos con un bastón”, comenta Flores, de 35 años.

Después del primer tratamiento de radiofrecuencia, acudió a la fisioterapia. Luego de la segunda radiofrecuencia, Flores dejó el bastón hasta lograr caminar por sí misma. Concluido el proceso, Flores dice sentirse bien. Hace caso a las recomendaciones y consejos del doctor Narváez, como controlar el peso y le parece que ahora se siente mucho mejor que antes.

‘Mi hermana no ha sufrido’: Nidia Calderón, familiar de una fallecida

En noviembre de 2000, Nidia Calderón internó a Zulma, su única hermana, en el hospital Obrero. Tenía cáncer terminal de huesos, además  11 tumores. Zulma Calderón fue tratada por el médico Marco Antonio Narváez, quien, según Nidia, le suministró la medicina del dolor. “Mi hermana murió el 31 de enero de 2001, pero en el tiempo que estuvo internada, no sufrió nada”.

Dolor. Ahora Nidia Calderón dice que puede hablar de su hermana sin llorar, sin sentirse mal, pese a que aún siente su ausencia. Recuerda, por ejemplo, que en aquella época ambas peregrinaron de médico en médico para saber sobre el mal que no dejaba a Zulma respirar en paz.  En los tres meses en que la paciente estuvo interna en el hospital Obrero, retornó al hogar en cuatro oportunidades. La familiar revela que el doctor Narváez iba a visitar a Zulma con regularidad a su casa y nunca le hacía faltar las medicinas que le había recetado. “Siempre estaba pendiente de todo cuanto le ocurría a mi hermana. Gracias a él, es que Zulma ha tenido una muerte digna, tranquila y serena”. Nidia cuenta también que en estos años ha podido observar que muchos pacientes le tienen un cariño “muy especial” al médico que le dio paz a su familia.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia