Así va la vida

Alertan que las obras maestras dejan de ser inmortales

Expertos piden medios para medir las reacciones químicas en las grandes pinturas

La Razón (Edición Impresa) / AFP / París

00:00 / 14 de septiembre de 2014

“Las obras maestras no son inmortales”, advirtieron expertos internacionales en París, poniendo de ejemplo Los girasoles, de Van Gogh, que se están marchitando, o las pinceladas amarillas de El grito, de Munch, que están adquiriendo un tono marfil.

Los especialistas recalcan la necesidad de atribuir mayores medios al estudio de los procesos de alteración de las obras de arte, para conservarlas mejor.

“Nuestra herencia cultural está enferma”, declaró a la AFP Robert van Langh, director de Conservación y Restauración del Rijksmuseum de Ámsterdam, que participó en una conferencia internacional sobre “radiaciones de sincrotones en el arte y la arqueología”, realizada en el Museo del Louvre.

“Los países tendrían que multiplicar por diez los montos destinados” a la preservación de las obras de arte, estimó Van Langh, quien además explicó que esos “íconos de nuestra cultura, de valor inestimable, se degradan y si no actuamos, las generaciones futuras no verán la misma obra que nosotros”.

“Hay científicos que estarían dispuestos a realizar ese trabajo, pero falta dinero”, afirmó Jennifer Mass, científica del laboratorio de investigaciones del Winterthur Museum de Delaware (EEUU).   Los sincrotones, aceleradores de partículas que permiten el análisis de la materia a partir de la interacción de un haz luminoso (que va de los infrarrojos a los rayos X) y una muestra del objeto estudiado, se usan en la investigación de arte.

Vincent van Gogh (1853-1890) eligió para sus tonos amarillos pigmentos industriales nuevos en la época que resultaron ser muy alterables, señaló Koen Janssens,  de la Universidad de Amberes (Bélgica). El amarillo de cadmio se oxida con el aire, perdiendo color y luminosidad. Posteriormente Van Gogh optó por el amarillo de cromo en Los girasoles, pero este pigmento se oscurece bajo los efectos de rayos ultravioletas.

Edvard Munch (1863-1944) utilizó también amarillo de cadmio para la versión de El grito, pintada en 1910, que pertenece al Munch Museum de Oslo. Las pinceladas amarillas de este cuadro adquirieron un matiz marfileño bajo una fotodegradación.

Los científicos “trabajamos para construir un modelo que permita mostrar lo que será el aspecto de ciertos cuadros dentro de unos 50 años”, indicó Janssens.  El objetivo es “comprender los mecanismos de degradación, a fin de que las obras sean expuestas con una luz y una atmósfera adaptadas, para detener las reacciones químicas que sufren los pigmentos”, añadió Maas.

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