Así va la vida

Argel nunca duerme en las noches del Ramadán

Tradición. Después del ayuno, los argelinos salen a compartir

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Argel

01:18 / 11 de julio de 2014

Durante las 29 noches del mes de Ramadán la capital de Argelia, considerada por muchos de sus habitantes como “la ciudad sin vida” por su falta de oferta de entretenimiento, se transforma en una bulliciosa urbe.

En esa ciudad, durante los días de la celebración religiosa islámica, se multiplican los lugares de ocio, los conciertos o las representaciones teatrales. Mientras que a lo largo del año, las escasamente iluminadas calles del centro de la capital del país más grande de África se vacían con la puesta de sol.

A las 20.00, la gran mayoría de los comercios y las cafeterías ya ha cerrado y es difícil encontrar a gente paseando por sus calles, excepto algunos grupos de jóvenes varones que se reúnen en las aceras y portales para charlar o jugar al dominó o a las cartas.

Pero en las noches de Ramadán, todo cambia en Argel. Tras la oración del Tarawih (rezo practicado en Ramadán antes de la medianoche), miles de personas invaden las vías públicas iluminadas por los escaparates de cientos de tiendas que retoman su actividad tras la ruptura del ayuno.

Las aceras no pueden contener la marea humana que se mezcla en el arcén con el río de vehículos en el centro, especialmente en Diduche Murad, Larbi Ben Mhidi o La Grande Poste, donde cada noche se ofrece un nuevo espectáculo.

Para muchos argelinos, las layali ramadán (noches de Ramadán) son una oportunidad única de romper la rutina de todo el año tras una larga jornada de ayuno, especialmente en estas fechas en las que los calurosos y húmedos días de julio se hacen especialmente largos para los creyentes.

“Para mí es indispensable salir por la noche tras la oración del Tarawih, para compartir con amigos las atracciones de este mes sagrado y disfrutar de estos momentos tomando un té con ellos”, dijo Husein un joven de 25 años.

En las terrazas de los alrededores de la plaza Maurice Audin es casi imposible encontrar un rincón para sentarse. Familias con niños, jóvenes, hombres y mujeres sin prisa por volver a sus casas animan las noches en las mismas calles que en cualquier otra época del año llaman la atención por su fantasmal apariencia.

Argel se convierte en Ramadán en una ciudad que “nunca duerme”. Durante este mes sagrado para los musulmanes, que arrancó el 29 de junio, hacen también su aparición como en otras ciudades del mundo árabe, cientos de “jaimas de ramadán”.

Proponen noches cargadas de todo tipo de espectáculos para atraer a los argelinos en una atmósfera distendida con decoraciones inspiradas en los relatos de las Mil y una noches, entre sorbos de café y bocados de qalb al loz (corazón de almendra), un dulce tradicional.

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