Así va la vida

Ayatolas en Irán sugieren cómo tener relaciones sexuales

Red. Los líderes se sirven de internet para despejar dudas y no se salva ni el líder supremo

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Teherán

00:58 / 19 de junio de 2015

¿La sodomía es pecado? ¿El matrimonio temporal es una solución para la masturbación? ¿Es lícito tocarse en ramadán?... Resolver estas dudas explícitas y peliagudas es una tarea impuesta en Irán a los ayatolas.

El alto clero chiíta, que desde la Revolución Islámica de 1979 maneja las estructuras del poder en Irán y tiene la última palabra sobre las normas legales y morales, dirige también una amplia red de consultorios sobre la sharía ideada para solucionar los conflictos que la rigidez de la normativa causa al ciudadano de a pie, un trabajo del que no escapa ni siquiera el líder supremo del país, Alí Jameneí.

Decenas de publicaciones y páginas web, además de encuentros públicos en centros sociales o mezquitas sirven a los ayatolas, título jerárquico que autoriza a su poseedor a emitir sentencias y crear jurisprudencia bajo la sharía, y a sus ayudantes para evacuar estas dudas. En las consultas, que tocan todo tipo de aspectos de la vida social, tienen una presencia muy importante las prácticas relacionadas con la vida íntima y sexual de los iraníes preocupados por vivir bajo estrictos criterios islámicos.

En Irán sorprende ver a las mujeres consultar sus temas más privados con los clérigos para encontrar una solución a sus deseos sin cometer pecado. Precisamente, y para permitir estas y otras consultas, los clérigos chiítas son considerados “mahram” para las mujeres, es decir, personas de sexo opuesto con las que se puede tener contacto directo, algo que generalmente está limitado a padres, hermanos y esposos. “Islam prohíbe muchas cosas pero al mismo tiempo tiene una solución para cada pecado que hayas cometido”, indicó Maryam, una joven religiosa de 28 años que además afirmó que “cumplir esas normas asegura la vida después de la muerte y previene que Dios me lleve al infierno”. Para el clérigo Abdolalí Govahí, uno de los encargados de responder dudas sobre la sharía en una mezquita del norte de Teherán, la necesidad de establecer este sistema se debe a “las necesidades morales del ser humano” y buscan tan solo orientar y “dar alimento a la espiritualidad y al alma” de las personas.

Una de las ventajas o inconvenientes del sistema es que cada ayatolá puede, y en numerosas ocasiones lo hace, opinar de distinta manera que sus colegas religiosos.

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