Así va la vida

Desalojan la caótica Torre de David en la capital venezolana

Ocupación. Miles de familias invadieron el predio de 45 pisos desde hace más de siete años

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Caracas

00:00 / 24 de julio de 2014

La Torre de David de Caracas, una inmensa barraca de 45 pisos con helipuerto, llega a su fin como gigantesco albergue, siete años después de haber sido invadida por miles de familias que convivieron en una experiencia insólita de ocupación.

La particular ciudadela contemporánea en el centro de la ciudad surgió como una solución de vivienda que nunca gozó de las más mínimas condiciones de seguridad para sus residentes, que llegado el momento de dejar la edificación confiesan haber vivido “muy bien” en la que dejará de ser la chabola más alta del mundo.

El Gobierno comenzó el martes el desalojo concertado con los inquilinos de la Torre Confinanzas, un gigantesco edificio de oficinas que se paralizó a mediados de los años 90 cuando el banco que lo construía quebró, como tantos otros en la crisis financiera que sacudió entonces a Venezuela.

El edificio, rebautizado por los ciudadanos como Torre de David, pasó entonces a manos del estatal Fondo de Depósitos y Protección Bancaria (Fogade), y en 2007 fue ocupado por más de 2.000 familias, de las que hoy quedan 1.156.

Durante años construyeron espontáneos hogares quitando los paneles de vidrio y convirtiendo la fachada en una gigantesca estructura de hormigón y muros parchados con ladrillos y atestados de antenas de Tv por satélite.

Son miles las anécdotas que han vivido los residentes de la edificación que es la tercera en altura de Venezuela en los últimos siete años, mientras convivían con caídas mortales desde los pasillos inacabados y escaleras sin barandillas.

El Gobierno venezolano no tiene el número total de víctimas que se produjeron en accidentes durante los últimos años, sino la relación de casos, entre ellos, el de una estadounidense que vive en la torre y que perdió, hace cinco años, a una hija que cayó al vacío.

A pesar de ello, para Robinson de la Cruz, un colombiano de 59 años, el sentimiento es de “tristeza” al abandonar un hogar en el que se siente “muy cómodo”.

“Siento mucha nostalgia. ¿Qué podemos hacer? Vamos a otro barrio y vamos a hacer nuestra vida otra vez”, indicó a EFE De la Cruz, que vive desde hace seis años en la torre y trabaja como latonero y pintor de carros en el estacionamiento del edificio.

“Aquí se vive bien, es cómodo, yo me siento allí y me tomo mi trago ahí mismito y ya”, comentó. Otro colombiano, Humberto Hidalgo, reside en la torre desde hace seis años y vive junto a otras nueve personas en su negocio, una venta de chucherías y enseres.

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