Así va la vida

Una familia viaja en ‘la casa rodante más pequeña del mundo’

Javier Miller Regalado, junto con su esposa Miria y su hija de 14 meses Shalom, son los protagonistas de esta singular aventura sobre ruedas. Su objetivo: llegar a Washington tras recorrer todos los países de América.

Javier Miller Regalado, junto con su esposa Miria y su hija de 14 meses Shalom

Javier Miller Regalado, junto con su esposa Miria y su hija de 14 meses Shalom

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Montevideo

01:18 / 26 de abril de 2016

Conexión a internet, televisión, cocina, un retrete y hasta un pez como mascota tienen cabida en un particular Volkswagen Fusca, “la casa rodante más pequeña del mundo” según una familia peruana que llegó a Montevideo tras más de un año viajando.

Javier Miller Regalado, junto con su esposa Miria y su hija de 14 meses Shalom, son los protagonistas de esta singular aventura sobre ruedas. Su objetivo: llegar a Washington tras recorrer todos los países de América.

“De Buenos Aires voy a pasar a Santiago de Chile, de Chile voy a pasar de nuevo a Bolivia, de Bolivia voy a estar en el Perú, de Perú paso a Ecuador, Colombia, Costa Rica, Panamá, Nicaragua, Salvador, Honduras, México, después entro a los Estados Unidos”, enumera Javier.

Si bien no es reconocida como tal en el libro Guinnes, “la casa rodante más pequeña del mundo”, como les gusta denominar a Don Julio, su pequeño auto, es, además de un Fusca, un camaleónico espacio del que surgen una sala de estar para ver la tele, un comedor, un cuarto de baño para ducharse y un dormitorio donde descansar cada noche en esta quijotesca hazaña.

Algo que a simple vista parece imposible, dado que el espacio en el interior del vehículo es de poco más de dos metros cuadrados, toma forma mediante un estudiado sistema de engranajes que permite girar los asientos, convertirlos en cama y adaptar el espacio a todas sus necesidades.

“Fueron muchas pruebas y mejoras”, comenta Javier, quien hace cuatro años convirtió a su viejo automóvil en un coche versátil en el que recorrer el mundo. Todo surgió después de leer un artículo en el que un periodista aseguraba que los latinoamericanos que menos viajaban en auto eran los peruanos y bolivianos.

“Queríamos romper el mito, dejar el nombre de Perú bien alto”, explica con orgullo el creador de esta casa rodante. Viajan sin cronograma y se dan “el tiempo de vivir en cada lugar” para “conocer y ayudar a las personas”, aseguran.

Un viaje sin demasiada planificación, sin una fecha tope y con una hija de poco más de un año, algo que a muchos les generaría estrés, es una forma de vida para esta familia que asegura “no preocuparse por el mañana” y solo ocuparse de “conseguir el dinero para llegar al siguiente pueblo”.

“Imagina que desde Perú hasta Río de Janeiro eran como tres mil dólares en comida, gasolina, mantenimiento y peajes para llegar” calcula el conductor, quien bromea mientras recuerda que entraron “a Brasil con 2 dólares”.

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