Así va la vida

Inauguran un museo de prostitución en Holanda

Atracción. El lugar exhibe ropa y objetos de sadomasoquismo

Uno de los ambientes que se exhiben en Holanda.

Uno de los ambientes que se exhiben en Holanda. EFE.

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Amsterdam

00:07 / 08 de febrero de 2014

El Barrio Rojo de Amsterdam (Holanda) revela sus secretos en el primer museo de la prostitución del mundo, que abrió sus puertas para enseñar sin tapujos la trastienda de un oficio legalizado en ese país, pero no por ello ausente del estigma social.

Situado en el turístico barrio de la capital holandesa, donde trabajan 900 meretrices en 276 escaparates, el museo quiere dar una visión completa del mercado sexual sin “romanticismos añadidos”, explicó Ilonka Stakelborough, creadora de la Fundación Geisha, que vela por los derechos del sector.

Por eso, el espacio no olvida la denuncia del trabajo forzado por los proxenetas y la trata de blancas, en cuyo circuito caen sobre todo “mujeres provenientes de los Balcanes”, según la colaboradora del museo, cuya creación surgió de una iniciativa privada.

El museo quiere contribuir a la “normalización” del oficio, legalizado en 2000 en Holanda pero aún con efectos de rechazo. Pero también aspira a ser simplemente una “experiencia” para el visitante, que tiene la oportunidad de situarse en el lugar de la prostituta dentro del escaparate. Además de ver las habitaciones con su modalidad barata o de lujo, la moda de las meretrices desde los años 20 a la actualidad e instrumentos sadomasoquistas.

Tras pagar una entrada de $us 10 en una taquilla que imita la de las casas de citas de los años 50, el visitante ingresa al interior del espacio que alberga los escaparates del Barrio Rojo, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XIX.

“A veces cuando la trabajadora alcanza una cierta edad, se dedica al sadomasoquismo, una manera psicológica de ejercer el sexo”, dice Stakelborough, al entrar en una sala dedicada a estas prácticas, en la que no faltan látigos, una cruz en forma de “X” sobre la pared y una “jaula” cerrada, en la que el cliente permanece colgado.

Las prostitutas que trabajan en el Barrio Rojo son mujeres de entre 21 y 55 años, la mayoría jóvenes que no alcanzan a pagarse los estudios o madres solteras, y en el 70% de los casos, con una pareja estable, según fuentes del museo. Al terminar la visita al museo, al visitante se le ofrece un guiño de humor con un reclinatorio para que confiese sus pecados de lujuria.

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