Así va la vida

La Ley de la Relatividad de Einstein cumple un siglo de vida

Novedad. El científico alemán descubrió esta regla cuando tenía 26 años y estaba en Suiza

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Madrid

01:17 / 25 de noviembre de 2015

Imagínese dos relojes sincronizados, uno al ras del suelo y otro en un satélite en órbita. Luego nos daremos cuenta de que el del suelo va más lento porque la fuerza de la gravedad es aquí mayor: el tiempo se “deforma” ante una gran concentración de masa.

Esta es una de las reglas que describe la Teoría General de la Relatividad del alemán Albert Einstein, de la que ahora se cumplen 100 años, y que cambió, junto a la Teoría de la Relatividad Especial, los principios de la física establecida hasta el momento.

La Teoría de la Relatividad de Einstein se divide en dos: en la especial (1905), que describe cómo se percibe el espacio y el tiempo en función de un sujeto observador no acelerado, y la general (1915), que incluye la gravedad y la une “íntimamente” al espacio y tiempo.

Con tan solo 26 años y cuando trabajaba en la oficina de patentes de Berna (Suiza), Einstein, que en ese momento dedicaba los ratos libres a la ciencia, publicó varios artículos fundamentales para la física con los que fue armando su Teoría de la Relatividad Especial.

En ésta, entre otras cosas, describe la ecuación (E=mc2) más famosa de la historia —plasmada incluso en camisetas—, según la cual la masa es la energía del cuerpo en reposo (base de la bomba atómica) y la velocidad a la que va un objeto aumenta su energía.

Pero lo auténticamente revolucionario fue cuando Einstein entendió como ley fundamental, base de su Teoría de la Relatividad Especial, que la velocidad de la luz es constante (casi 300.000 kilómetros por segundo) se mida donde se mida —para observadores no acelerados— y nada en el Universo puede superarla.

Teniendo en cuenta esta premisa, al tiempo y al espacio les pasan cosas diferentes cuando nos acercamos a la velocidad de la luz: el espacio se contrae y el tiempo pasa más despacio; con mayor velocidad se produce una especie de compresión del tiempo.

Si un astronauta hiciese un viaje por el espacio a una velocidad cercana a la de la luz, al regresar a la Tierra descubriría que su reloj        —biológico— no coincide con el de sus familiares que le esperan: el tiempo transcurrido para éste sería menor (envejecimiento más lento). Con Einstein, tiempo y espacio dejan de ser absolutos (Newton) y pasan a depender del observador. Unos años más tarde extendió los conceptos de su primera teoría para explicar la gravedad.

En la teoría general (25 de noviembre de 1915), el físico planteó que la gravedad viaja exactamente a la velocidad de la luz. Además, estableció que la gravedad está íntimamente unida al espacio y tiempo (unificados en el tejido espacio-tiempo). Así, el sol curva el espacio-tiempo y atrae a planetas que están cerca (como en un colchón con dos personas en el que la más corpulenta lo deforma y atrae a la otra).

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