Así va la vida

Pony, la historia de la orangután prostituida

Alarma. La especie está amenazada por la extinción.

La orangutana encadenada a un sofá en una comunidad de Indonesia, de donde fue rescatada.

La orangutana encadenada a un sofá en una comunidad de Indonesia, de donde fue rescatada.

La Razón (Edición Impresa) / Christian Galindo / La Paz

06:50 / 24 de agosto de 2015

A Pony le pintaban los labios y la violaban día a día en una aldea de Indonesia. “Es la realidad, era una prostituta”, recuerda Karmele Llano, la veterinaria española que la ayudó. El 19 de agosto se recordó el Día Mundial del Orangután y  la historia resurge con fuerza.

La situación de esta especie preocupa a entidades como la Orangután Fundación Internacional (OFI) que estima que su población disminuyó  en 50% en los últimos diez años, ya que no supera los 7.300 individuos. Por ello la urgencia de su protección no es exagerada, está entre los 15 animales en peligro de extinción.

Pony es uno de los ejemplos más dramáticos pero también esperanzadores. “Llegó la información de que pasaba eso, una situación completamente ilegal, y se decidió actuar”. Van más de diez años desde su rescate y se necesitó que intervinieran las fuerzas militares para liberarla, señala un reportaje publicado en El Mundo, de España.

“El dueño de Pony se oponía porque era su medio de subsistencia. El pueblo donde estaba también, pues decían que les traía suerte”. Tenía unos siete años en el momento en que fue rescatada (1995). El equivalente —teniendo en cuenta que viven una media de 50 años— de tener entre 13 y 14 años.

“No fue un esfuerzo fácil liberar a Pony de este lugar terrible; cualquiera que tratara de hacerlo se enfrentaba a un ejército de pobladores de la zona que estaban armados con cuchillos, dispuestos a luchar por el dueño de casa”, recuerdan desde la organización que actuó, The Borneo Orangutan Survival Foundation (BOS). “Su cuerpo estaba cubierto de picaduras de mosquitos. No podía dejar de rascarse y su piel tenía múltiples infecciones”. Había sufrido toda su vida.

“Fue rescatada de un burdel de la localidad de Kereng Pangi, en la provincia indonesia de Kalimantan. La encontraron encadenada a una cama, con los labios pintados, completamente afeitada y adornada con sortijas. Trabajadores de las madereras y productoras de aceite de palma aguardaban turno para abusar de ella. Hizo falta un destacamento de 36 soldados del Ejército indonesio para entrar en el pueblo y llevarse al animal”, describió David Jiménez para El Mundo.

“No fue fácil su readaptación. Pony es muy lista y tenía recuerdos de lo que había vivido. En el refugio, cuando un hombre se acercaba, se iba a una esquina y se orinaba encima. Les tenía pánico”, afirma Llano,  presidente de International Animal Rescue, ONG que ha salvado más de un centenar de estos primates.

“Era muy inteligente. Aprendía rápido de los humanos, lo bueno y lo malo.  Poco a poco se fue adaptando y creímos que podíamos devolverla a su hábitat natural, el que apenas había conocido”.

“En Nyaru Menteng (en la isla de Borneo, Indonesia, donde se encuentra el lugar de recuperación de BOS), Pony comenzó el proceso de rehabilitación.

Vivir durante tanto tiempo con los seres humanos, en cautiverio, siendo tratada tan terriblemente tuvo serias consecuencias. Tenía que (volver a) aprender a vivir como un orangután salvaje”, explican desde BOS. Al ver su rápido progreso, tomaron una decisión apresurada.

La liberaron en 2005 en un santuario animal, “una isla más pequeña, en plan de rehabilitación”, la de Bangamat. Pero fue un total fracaso.

“Desafortunadamente, ella no estaba preparada para esta etapa avanzada del proceso de aprendizaje. Pony no estaba acostumbrada a los árboles. Ella prefirió quedarse en el suelo. Cuando tenía hambre, esperaba a que los técnicos le diesen su comida”. Tuvo que regresar al refugio. A seguir adaptándose.

Decidieron ir más lento. La orangután prostituida necesitaba tiempo. Nadie se recupera tan rápido de tal explotación. “Ella se creía humana, si se colocaba en el suelo, no podía dormir allí, buscaba un saco para usarlo como manta”, describe Karmele. “Tardó en adaptarse”.

Entonces, ya no se pensaría en una preparación corta, serían años enseñando a Pony. Dos cosas esencialmente: a no tener miedo y a sobrevivir en la jungla. Hasta que llegó el día, los especialistas decidieron que podían intentarlo de nuevo. “Con 17 años, Pony finalmente recibió otra oportunidad de vivir en una isla”, señala The Borneo Orangutan Survival Foundation.

“Sus habilidades de supervivencia están creciendo satisfactoriamente en comparación con los años anteriores. Ella ahora es capaz de hacer un nido y muestra un comportamiento salvaje. Esta hembra pesa 72,1 kilogramos y actualmente es muy dominante en comparación con sus amigas”. Es una reina de su nueva isla: Kaja. Un símbolo mundial del rescate animal.

Queda mucho por mejorar. Lo recuerda Karmele Llano. “Sabemos que el de Pony no es un caso único, es el más famoso, pero hay más”.

Según la OFI, los orangutanes solamente se encuentran en dos lugares de la Tierra, las islas de Borneo y Sumatra, pero ambas regiones están siendo diezmadas por la industria de aceite de palma. Pony ya cumplió 18 años y sigue aprendiendo y recuperando el tiempo perdido. Aquello que los humanos le quitaron.

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