Así va la vida

Ruta BBVA quetzal se enfrenta al viento

Aventura. La fuerte corriente de aire recibió a decenas de jóvenes

Los jóvenes en el emplazamiento de Playa Yumaque, en plena Reserva Natural de Paracas.

Los jóvenes en el emplazamiento de Playa Yumaque, en plena Reserva Natural de Paracas. EFE.

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Paracas (Perú)

01:19 / 24 de junio de 2014

La primera gran aventura anual de la Ruta BBVA es, por excelencia, el montaje de su campamento y en esta vigésima novena edición del programa académico-cultural esa tarea se complicó por el fuerte viento que sopla y caracteriza a Paracas.

Después de tres días cargados de actividades académicas y de emprendimiento, y de dormir dentro de un edificio de la Escuela Naval de Perú, en Lima, los expedicionarios de la Ruta BBVA afrontaron con entusiasmo su reto iniciático.

“Es una aventura y no sería tal si no tenemos un poco de acción. Veo esto divertido y entretenido, pues entre todas juntas tenemos que armar la carpa”, justifica a EFE Adalis García, rutera venezolana, que se considera “abierta a lo que venga” cuando se le pregunta por sus expectativas en este programa educativo.

Tras visitar el sitio arqueológico de Pachacámac, que habitaron de forma sucesiva las culturas Lima, Wari, Ychma e Inca, los ruteros afrontaron un viaje de más de cinco horas en autobús para alcanzar el emplazamiento de Playa Yumaque, en plena Reserva Natural de Paracas.

Para Jesús Luna, jefe de campamento de la Ruta BBVA, éste es “el primer día de aventura, ese en que los expedicionarios van a tomar contacto con el medio y van a ver cómo se levanta un campamento”. “A partir de ahora, sobre todo va aumentando el contacto con la naturaleza, las marchas, la altitud, el clima va a ser más frío, y esto será un elemento motivador y de reto para que cada uno de ellos pueda superar esas dificultades a través del esfuerzo, el compañerismo y sobre todo la solidaridad”, recuerda a EFE Luna.

La Reserva Nacional de Paracas, situada en la península del mismo nombre y que se extiende por 335.000 hectáreas, 217.594 marinas y 117.406 terrestres, en el departamento peruano de Ica, fue reconocida como tal en 1975 por ser un refugio de aves y fauna marina en Sudamérica.

El viento es una de sus características más claras y, por tanto, no es de extrañar que, junto a los cerros y las dunas que recibieron a los jóvenes, también una fuerte corriente de aire lo hiciera, complicando el montaje del campamento de este año.

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